Divorcios por no responder en LINE, chicas que sangran por los ojos y qué le ocurre a la BBC

Hace unos días, medio en broma, publiqué en Facebook una imagen de una nota de la página BBC Mundo con la siguiente leyenda: «Un día de estos que esté aburrido voy a rastrear el momento exacto en que BBC Mundo se convirtió en el hermano mongo del Reader’s Digest».

El comentario se refería a esta noticia:

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El texto de la nota de BBC es más bien escueto y puede resumirse con el lead: «Este mes una corte en Taiwán concedió el divorcio a una mujer que demostró que su marido la ignoraba presentando como prueba mensajes de texto no respondidos y con el doble tic azul».

La nota no menciona ninguna fuente (de hecho no tiene autor y va firmada con un «Redacción»), da de pasada el apellido de la supuesta divorciada (Lin), ignora el nombre del supuesto ex esposo y, si bien cita a la jueza de familia responsable del caso, nos escatima su nombre.

No es la primera vez que me topo con una noticia sospechosa publicada en el site de la BBC (volveré y abundaré sobre esto más adelante), así que decidí buscar un poco más. Bastó un google search para toparme con que la nota en cuestión no era sino una mala traducción de un artículo de BBC World firmado, desde Taipei, por la corresponsal Cindy Sui. La traducción era mala y perdía algunos detalles presentes en la original, pero esta no era mucho mejor y tampoco ofrecía ninguna fuente.

Así que volví a Google. La nota original de BBC World fue publicada el 17 de julio -todas las menciones en adelante hacen alusión al artículo de Sui- por lo que aislé los resultados para ver solo los anteriores a esa fecha. La nota más antigua en inglés acerca del divorcio de la señora Lin fue publicada el 13 de julio por la periodista Lydia Lam en la página web de The Straits Time, un periódico con sede en Singapur. En su nota, titulada «Man who ‘blueticks’ his hospitalised wife is heartless, says Taiwan judge who grants divorce» (Hombre que ‘dejó en visto’ los mensajes de su esposa hospitalizada es un desalmado, dice juez de Taiwan que concede divorcio), Lam cita como fuente un artículo publicado el mismo día por el diario taiwanés Liberty Times y aporta detalles extra, incluidos algunos de los mensajes que la señora Lin envió a su esposo y este nunca respondió.

Con la ayuda de Google Translate logré encontrar el artículo que dio origen a todo. Lleva la firma de Cai Zhangsheng, se publicó el 13 de julio en el Liberty Times y empieza así: «¡Los mensajes dejados en visto se convierten en una importante evidencia en petición de divorcio! Un juzgado de Hsinchu ha realizado un raro dictamen de divorcio. Una mujer de apellido Lin denunció que su marido, de apellido Chen, abusaba de ella psicológicamente, incluso después de un accidente. Cuando ella le envió unos mensajes a través de la app LINE que el esposo dejó en visto sin responder. La juez señaló que esto constituía un símbolo y evidencia implacable» (la traducción realizada a partir del macarrónico inglés de Google Translate es mía).

La nota de Zhangsheng continúa relatando el testimonio de la hija de Lin, que corrobora los maltratos que su madre padecía a manos de su padrastro y la familia de este. En ese contexto, los mensajes de LINE sin responder del marido suponen una de las varias pruebas, incluidos los testimonios de testigos, que Lin presentó durante el proceso. Una prueba importante, según la propia juez, pero en ningún caso la única.

Sin embargo, BBC Mundo, que, como bromeaba en mi comentario inicial de Facebook, se ha convertido de un tiempo a esta parte en una especie de revista de dramas telenovelescos y otras historias amarillistas, decidió que esos mensajes no respondidos eran la causa principal de que la juez le otorgara el divorcio a Lin. Por supuesto, como titular tiene mucho más gancho sobredimensionar el peso de los mensajes de LINE que señalar un caso más de divorcio por maltrato de un marido a una esposa. Aquí o en la China. Lo segundo, aun con unos mensajes de texto incluidos entre las pruebas del proceso, difícilmente sería noticia en ningún sitio.

¿Creen que exagero cuando digo que BBC Mundo se ha convertido en una suerte de Reader’s Digest amarillista? Aquí van algunos titulares extraídos de su cuenta de Twitter solo este último domingo:

-Los recuerdos de la última llamada de la princesa Diana que persiguen a los príncipes William y Harry

-Los hombres que alimentan con carne cruda y abrazan a hienas salvajes en Harar, Etiopía

-“Fui ‘esposa de placer’ de un comerciante de armas saudita, parte del harem de uno de los hombres más ricos”

-Cómo conseguí rehacer mi vida sexual pese a llevar en el abdomen una bolsa que recoge mis heces

Esta vez la historia de la señora Lin y los mensajes de textos que presentó como evidencia en un proceso de divorcio en Taiwán resultó cierta. O casi, si pasamos por alto el titular inflado. Aun cuando la ausencia de fuentes en la nota de la corresponsal Cindy Sui y los titulares sensacionalistas invitaban a la suspicacia.

Todo este asunto me recordó la verificación que hice sobre otra de estas historias tremendistas publicada por BBC Mundo, que esa vez sí resultó falsa -o al menos extremadamente improbable- aun cuando las responsables se negaron a aceptarlo. El artículo fue publicado originalmente en Perú21 hace poco más de un año:

La increíble historia de la chica que sangra por los ojos

El 10 de marzo de 2016, la página web de la BBC publicaba una nota con este titular: La chica que sangra por los ojos y las orejas, pero no tiene diagnóstico.

La nota iba firmada por Tracy Ollerenshaw, reportera de Newsbeat , el sitio —dentro de la página de la BBC— de un famoso noticiero en una de las varias estaciones radiales del servicio público británico, conocido por privilegiar noticias atractivas para el público juvenil (lo que se ha convertido en un eufemismo para historias impactantes sin mucho reporteo detrás).

La nota venía sazonada con una serie de fotografías de Marnie-Rae Harvey, la adolescente británica de 17 años que, según la publicación, padece una extraña enfermedad no diagnosticada que la hace sangrar por los ojos y otras partes del cuerpo.

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Entre los días 9 y 10 de marzo, las páginas de dos tabloides ingleses conocidos por su adicción a historias estrafalarias (y muchas veces falsas) narraban su propia versión de la noticia. The Sun titulaba: El infierno sangrante de Marnie. Una chica revela el horror de la enfermedad que la hace sangrar por los ojos y las orejas . El Mirror no se quedaba atrás: Muchacha que sangra por los ojos, orejas y boca describe la desgracia de la horrorosa enfermedad que la tiene confinada en casa.

Las historias de ambas páginas eran sospechosamente parecidas, con una serie de fragmentos y citas repetidas, pero ninguna de las dos concedía crédito al medio rival. Las fotos también eran las mismas, y ambos medios señalaban que pertenecían al sujeto de la noticia, la “chica misteriosa”, como según ambas notas había sido bautizada por sus médicos la adolescente Marnie-Rae Harvey.

Ninguno de esos tres artículos suponía el debut de Marnie-Rae Harvey, o Marnie Harvie, en la prensa británica. El 28 de diciembre de 2015, la reportera Jennifer Tippet firmaba una nota “exclusiva” en The Sun bajo el titular: The girl who cries BLOOD … the mystery ailment of girl, 18, whose eyes and ears bleed 5 times a day, que cubría casi los mismos detalles narrados por la nota de marzo del mismo The Sun, solo dos meses y medio después. Esta segunda nota venía firmada por otra reportera, que ni siquiera menciona el artículo original del 28 de diciembre publicado en su mismo periódico.

Pero no fue sino hasta que la BBC dio con Marnie-Rae Harvey, que la historia saltó a medios de todo el mundo. Parece seguro afirmar que el hallazgo ocurrió el 6 de marzo. Este es un comentario que Tracy Ollerenshaw, la reportera de Newsbeat BBC, dejó en la cuenta de Instagram de Marnie-Rae Harvey ese día:

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Si uno busca en Google a Marnie-Rae Harvey o Marnie Harvie, aislando los resultados previos al 6 de marzo, la única mención que aparece es la nota de The Sun del 28 de diciembre de 2015.

De acuerdo al motor de búsqueda, Marnie-Rae no existe en Internet antes de eso. Así que es seguro asumir que la reportera Ollerenshaw supo del caso leyendo la nota de Jennifer Tippet en The Sun, aunque olvida mencionarlo en su propio artículo para BBC Newsbeat del 10 de marzo.

Al día siguiente, 11 de marzo, la página web en español de la BBC publicaba la historia firmada por Tracy Ollerenshaw, esta vez bajo el epígrafe de su sección Mundo y titulada: La joven que sangra por los ojos y nadie sabe por qué .

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Una vez publicada en castellano, la historia empezó a repetirse en periódicos y páginas noticiosas de toda Hispanoamérica. Algunos citaban a la BBC, otros sencillamente hacían copy-paste y se ahorraban el engorro de mencionar la fuente. Con ese titular y esas imágenes, quién tiene tiempo para minucias. Más aun si vienen con la firma de una de las marcas informativas más prestigiosas del mundo.

Lo que todos esos periodistas que replicaron la nota desde su escritorio —sin ni siquiera hacer una búsqueda en Google— no saben es que ya ni la BBC parece tener tiempo para minucias. Llamemos minucias al más elemental proceso de verificación que debe llevar a cabo un periodista. El que le haría poner al menos en duda la veracidad de esas imágenes y un titular que conjuga el fantástico trinomio chica-sangra-ojos.

Si uno analiza con atención las minucias de la nota de la BBC, notará que las fotografías, todas, llevan la firma de Gareth Iwan Jones. Todas: el retrato posado que acompaña la noticia y las otras tres imágenes de Marnie-Rae Harvey sangrando, que parecen tomadas con un teléfono cualquiera y mala iluminación.

Gareth Iwan Jones es un fotógrafo profesional afincado en Bristol, que publica retratos de celebridades regularmente en la prensa británica. Digamos que el fotógrafo responsable de esto:

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esto:

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Difícilmente venderá a la BBC fotos como estas:

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Así que escribí a Gareth Iwan Jones. Primero le lancé un tuit y luego le envié un email a la dirección que me dio. Jones me dijo que, en efecto, el retrato posado que aparecía en la nota de BBC era suyo:

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Pero las otras fotos no, las de los sangrados, esa las había tomado Marnie-Rae misma con su teléfono. A vuelta de correo, le pregunté si durante la sesión había visto sangrar a la señorita Harvey. Jones respondió a los pocos minutos que no, que había estado con ella solo un par de horas y no había tenido un “episodio” en ese momento.

Además, Jones me dijo que si me interesaba la historia contactara a Kim de Phoenix Features, “ ella es la agente de Marnie y ha colocado la historia en los medios británicos ”, y me dio una dirección de email.

Mientras esperaba que Jones contestara mi primer acercamiento, había enviado también un email a la editora de BBC Newsbeat, responsable última de la historia publicada por Tracy Ollerenshaw acerca de la muchacha sangrante.

Anna Doble no tardó mucho en responder. Para resumir: Sí, la reportera Tracy Ollerenshaw había hablado con Marnie-Rae Harvey; de hecho, habían tenido una larga conversación; la historia “parecía” auténtica; había más fotos que habían decidido no publicar; habían hablado con Kim de Phoenix Features pero las fotos se las había dado Marnie-Rae misma, fue ella quien les indicó que eran de Gareth Iwan Jones, y estaban coordinando para grabar en video en los próximos días; por último, no, la BBC no paga por historias.

Tras este primer intercambio con la editora de Newsbeat BBC, intenté contactar a Marnie-Rae Harvey yo mismo. No fue difícil, una sencilla búsqueda de Google me llevó a una cuenta de Twitter que parecía suya y le envié un mensaje. Respondió poco después y entablamos una conversación vía DMs. Me presenté, mostré mi interés por su historia y le pedí una entrevista. Harvey tardó tres mensajes cortos en dirigirme hacia su “agente”. Le pregunté si la única forma de hablar con ella era contactando primero con la agente y si creía que me iba a cobrar por la historia. La respuesta a ambas preguntas fue sí. Insistí un poco y pregunté si la BBC había pagado por la historia también.

Aquí la señorita Harvey abandonó el laconismo de sus mensajes anteriores y me dijo:

“Kim maneja Phoenix. La BBC y todos los otros medios han tenido que escribir a Kim primero preguntando por la historia y acordando un precio. Tengo más fotos del sangrado que no han sido publicadas aún, pero depende de cuánto estés dispuesto a pagar”.

Phoenix Features se anuncia en su página web como una agencia para colocar (y cobrar) historias en medios. Así de claro: “ ¿Quieres vender tu historia? ¡Has llegado al lugar indicado! Te diremos de inmediato si creemos que podemos ayudarte a vender tu historia real”

¿Qué historias reales se venden bien? Phoenix Features tiene la respuesta:

*Cualquier cosa extraña o conmovedora
*Amores que vencen cualquier obstáculo
*Parejas extrañas, acontecimientos sorpresivos, situaciones de amistad (¿?)
*Imágenes graciosas o locas
*Historias médicas
*Historias de enfermos supervivientes
*Historias divertidas o inspiradoras
*Fotografías sorprendentes
*Escándalos de celebridades

Luego de entretenerme un rato en la web de Phoenix Features, escribí a la famosa Kim Willis, preguntando si era posible entrevistar a Marnie-Rae Harvey, la chica que sangra por los ojos. Willis tardó cinco minutos en responder: Sí, era posible, pero tendría que pagar por el contacto y las imágenes.

¿Cuánto había que pagar? ¿Qué incluía el precio? ¿Era esta la única forma de hablar con la señorita Harvey?

200 libras por la historia y algunas fotos. Sí, era la única forma.

¿Era posible que además de hablar con Marnie-Rae me pusieran en contacto con alguno de los médicos que la ha visto?

Sí, pero no. Primero Willis estaba segura de que no habría problema en contactar a alguno de los médicos. Un email después, según Kim Willis, Marnie-Rae Harvey no quería referirme a ningún médico porque temía que se fueran a ofender.

Ese fue el final de mi intercambio con la agente de Phoenix Features. Días después le envié un último email diciendo que necesitaría al menos un médico que pudiera confirmar la historia de Marnie-Rae. Nunca más volví a escuchar de Kim Willis.

Dos semanas después de nuestro último cruce de emails volví a escribir a Anna Doble, preguntando si habían filmado ya a Marnie-Rae Harvey como me había dicho 16 días atrás y contándole que me había comunicado con Phoenix Features, pero Kim Willis me había dicho que debía pagar para poder entrevistar a la señorita Harvey.

Doble tardó poco menos de una hora en responder: No habían filmado a Marnie-Rae, habían decidido darle un mes más (¿?) y solo habían pagado por usar las fotos.

Respondí de inmediato: ¿Cuáles fotos? ¿El retrato posado que había tomado Gareth Iwan Jones o las que había tomado Marnie-Rae Harvey con su celular?

Por último, le pregunté: ¿No le parecía sospechoso que nadie aparte de la misma Marnie-Rae Harvey o su familia hubiera sido testigo de sus “episodios” de sangrado? ¿Que ni Harvey ni su agente quisieran dar el nombre de alguno de los varios médicos que se suponía la habían auscultado?

Doble respondió escueta: “También hablamos con la madre. Pagamos una suma muy pequeña por las imágenes”.

No pude sino insistir: ¿Por lo general pagan directamente a las fuentes por sus fotografías? ¿No les pareció raro que la madre dijera que Marnie-Rae sangra todo el tiempo pero no sangrara mientras la entrevistaban (la reportera la entrevista en persona, ¿cierto?), ni mientras Gareth Iwan Jones la fotografiaba?

La editora de Newsbeat volvió a responder escueta: “ Hablamos con ella por teléfono ”.

Recapitulo:

  • Una reportera de Newsbeat, BBC, —Tracy Ollerenshaw— publica una sorprendente historia acerca de una muchacha británica que dice sangrar por los ojos y las orejas.
  • Nadie, aparte de la muchacha misma —Marnie-Rae Harvey— y su madre, han sido testigos de estos sangrados.
  • La editora de BBC Newsbeat, jefe de la reportera Tracy Ollerenshaw, admite que la entrevista con la muchacha que supuestamente sangra se hizo únicamente por teléfono.
  • Una agencia para colocar historias en medios de comunicación, que representa los intereses de Marnie-Rae Harvey, vende las imágenes y el testimonio de la muchacha a quien esté dispuesto a pagar por ellos.
  • La editora de BBC Newsbeat, admite haber pagado, pero “solo por las imágenes”.
  • La agencia que representa y vende la historia de Marnie-Rae Harvey se niega a ofrecer el nombre y contacto de alguno de los muchos médicos que se supone han auscultado a la muchacha que sangra.
  • La reportera y editora de BBC Newsbeat, dan por buena la negativa y no verifican el testimonio de Marnie-Rae Harvey y su propia madre con ninguna otra fuente. Pese a que solo cuentan con el relato de la supuesta enferma y la madre de esta, pese a que ninguna de las dos ha podido ver la sangre brotar de los ojos de Ms. Harvey, pese a que si el padecimiento de Marnie-Rae Harvey fuera real se trataría de uno de los dos casos documentados de hemolacria —el término médico para la extrañísima condición de quien llora sangre— en el mundo, reportera y editora publican la historia sin hablar con ninguno de los médicos supuestamente involucrados.
  • Decenas de medios en todo el mundo reproducen la fabulosa historia de Marnie-Rae Harvey, la muchacha que dice sangrar por los ojos y las orejas, sin detenerse un minuto a verificar su legitimidad.

Minucias todas ellas, claro.

A estas alturas, no puedo saber si Marnie-Rae Harvey en realidad sangra por los ojos y las orejas, si bien todo apunta a que es bastante improbable. No pagué las 200 libras que su agente, Kim Willis, pidió por la historia. En el momento en que insistí con ambas en que sin hablar con los médicos que la habían tratado no había historia alguna, nunca volví a saber de ellas.

La reportera Tracy Ollerenshaw y su editora, Anna Doble, tampoco tienen cómo saberlo, no con el reporteo realizado hasta ahora. Una conversación telefónica y unas fotos que la propia Marnie-Rae Harvey les suministró, es todo lo que reportera y editora necesitaron para relatar una asombrosa historia médica. Nada más. Minucias, claro.

Una vez publiqué el artículo en Perú21, les envié el link de la versión en inglés a Anna Doble y Tracy Ollerenshaw, preguntándoles si tenían algo más que añadir. Solo Doble respondió, con un escueto «gracias por enviar el link».

Por supuesto, el anunciado video que iban a grabar con la chica que llora sangre nunca se filmó. Si uno ingresa hoy, más de un año después, a la página de la BBC y teclea Marnie-Rae Harvey en el buscador se topará con el solitario artículo de Tracy Ollerenshaw publicado el 10 de marzo de 2016. No hay video ni follow-up o seguimiento a la historia. Tampoco han corregido nada. Ni siquiera el crédito de las fotos mal atribuidas a Gareth Iwan Jones.

ACTUALIZACIÓN

El miércoles 26 de julio, luego de que otra historia publicada en No hemos entendido nada fuera compartida por miles de usuarios en redes sociales y llamara la atención sobre este artículo, la página web de BBC Mundo (edición en español), retiró La joven que sangra por los ojos y nadie sabe por qué:

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Hasta donde sé no han dicho nada al respecto. El site en inglés de la BBC mantiene aún el artículo original.

 

 

Actrices porno, tiburones, azafatas que venden sexo y la crisis de la prensa

En una entrevista publicada en la edición de abril de la revista Letras Libres, el periodista Arcadi Espada, autor de dos libros fundamentales para todos los interesados en el periodismo –Diarios (Espasa Calpe, 2002) y Diarios 2004 (Espasa Calpe, 2005)- respondía lo siguiente cuando le preguntaban ¿en qué había mejorado la prensa en los últimos quince años? “En todo. Está mucho mejor escrita, hay muchas menos erratas, es mucho más fiable”.

Una afirmación difícilmente compartida por el público y, sobre todo, por los periodistas malpagados que siguen dentro de una redacción y ven día a día cómo se vacían los escritorios a su alrededor mientras se les exigen más notas (la mayoría redactadas sin siquiera levantar el teléfono, ya ni se diga una fuente de primera mano), más videos, más Facebook Live, más tuits, más fotos, más newsletters, más, más, más. Por menos.

Pero, en realidad, la afirmación de Espada es cierta. Nunca ha habido tanto periodismo de calidad, bien investigado, con más altos estándares, mejor editado y contrastado e, incluso, mejor diseñado y presentado a los lectores. Sería ocioso reseñar aquí ejemplos. Los tienen ustedes a un click de distancia. Nunca ha sido tan fácil acceder a ese contenido de calidad. No es, créanme, un problema de oferta, sino de demanda. Y, sobre todo, de shelf space.

Ese periodismo bien hecho debe convivir y disputar la atención de los usuarios de internet y redes sociales junto a esas millones de “noticias” de dudosa procedencia que narran las desventuras de una actriz porno mordida por un tiburón o una azafata desconocida de una línea aérea inexistente que supuestamente ganaba cientos miles de dólares al año ofreciendo servicios sexuales a pasajeros de business class (no es casualidad que la misoginia y el machismo vendan tan bien en internet, pero ese es tema para otro artículo). Seguramente vieron ambas historias pasar por su timeline o su newsfeed meses atrás. Seguramente les picó la curiosidad y clickaron. Ustedes y millones de usuarios en todo el mundo.

Ante ese panorama, resulta fácil y tentador concluir que el periodismo se ha ido a la mierda, que los medios son una basura y que la gente es más idiota de lo que era antes. Antes, por cierto, es solo 10 años atrás. Facebook, por poner un hito, nació en 2004, pero no salió de las aulas universitarias hasta 2006. Pages, la categoría de perfiles para negocios (como periódicos y otros medios) no apareció hasta 2009.

En la misma entrevista que mencionaba antes, Arcadi Espada señala: “Una de las cosas que los apocalípticos no ven es cómo el WhatsApp ha mejorado la escritura y la creatividad, el hecho de que la gente se pase el día escribiendo. Es el ejemplo del mono que escribe el Quijote. Si le das tiempo, lo escribe. Pues ahora hay gente que pasa así el día. Si encima pudiéramos comer de ello, sería maravilloso”. Las negritas son mías. La crisis del periodismo no es una crisis de calidad, es una crisis de negocio.

Ocurre que a los periodistas el negocio y la audiencia nos ha dado siempre igual. Eso era cosa del departamento de marketing, ventas y los dueños. Nosotros, desde nuestra atalaya moral, pensábamos que estábamos por encima del vil metal (mientras nos siguiera entrando la transferencia bancaria a fin de mes) y de los lectores, esos ignorantes. La salud del negocio era tal que podíamos permitirnos esa indiferencia y esa soberbia.

Lo explicaba en una entrevista reciente Mark Thompson, CEO de The New York Times: «Los periódicos occidentales a menudo disfrutaron en el siglo XX de un monopolio -o al menos de un oligopolio- en la creación y distribución de noticias. Podían cobrar cantidades ingentes por publicidad, pero ese modelo está por desaparecer. La publicidad impresa dejaba márgenes de rentabilidad muy amplios. Incluso hoy, en el NYT, se obtendría el 90% de rentabilidad bruta por dólar de ingreso. Si un anuncio cuesta 100.000 dólares, 90.000 o hasta 95.000 son de rentabilidad bruta. Eso pagaba las redacciones. Frente a eso, la publicidad digital no dejará tanto dinero por usuario como lo hace el negocio impreso. Se pensaba que eso quedaría compensado por un mayor número de usuarios, pero al final las plataformas digitales, con su posición dominante, reciben la mayor parte de los ingresos, sobre todo de los nuevos ingresos«.

¿Y por qué son las plataformas digitales –léase Google y Facebook- las que se llevan la mayor parte de los ingresos? Porque son ellas quienes poseen el monopolio de la atención de los usuarios. Monopolio que antes pertenecía a los periódicos. Lo comentaba en un artículo anterior: El efecto Wile E. Coyote.

Muchos de ustedes no lo recordarán, pero hasta los años 90 los usuarios no tenían más opción que comprar el diario, ya no para informarse o estar al día (que también), sino para poder manejarse en su comunidad. El diario ofrecía una serie de servicios –a un precio ridículo- casi indispensables para vivir en tu ciudad en el mismo paquete informativo en el que venían las noticias: anuncios clasificados, cartelera de cine y teatro, esquelas, anuncios personales, etc., etc. Ese monopolio de la atención de los consumidores –que los medios vendían a anunciantes- le ofrecía a las empresas de medios una salud económica que se traducía en redacciones gigantescas, corresponsales y fotógrafos regados por el mundo.

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Cuando internet desmantela ese paquete informativo (todos esos servicios vuelan hacia la red y se hacen más eficientes y gratuitos), se acaba la fiesta y nos encontramos de golpe con que a) Llevamos unos años acostumbrando a la gente a que las noticias son un commodity y se consiguen gratis en la web (profundizaré en esto en un próximo post) b) Los consumidores que necesitan más de lo que da el noticiero televisivo o los cuatro links de sus amigos en redes sociales no son suficientes para mantener el negocio boyante al que nos habíamos acostumbrado. La pregunta, claro, es ¿qué reemplazará al modelo negocio ad-driven?

Ahora mismo nadie tiene la respuesta. De hecho, me atrevería a decir que en este momento de incertidumbre solo podemos tener dos cosas claras. Primero, que la respuesta única se acabó. Que cada medio deberá, para sobrevivir, encontrar la respuesta/el modelo que mejor se adapte a sus necesidades y las de sus usuarios. Y segundo, que sea cuál sea la respuesta para nuestro medio o parcelita digital, solo la encontraremos si nos bajamos de nuestra torre de marfil, si hacemos a un lado la nostalgia por los “tiempos mejores” y miramos a los lectores y sus necesidades.

Sin que eso último pase por convertir nuestra industria en un «el cliente siempre tiene la razón». Ya lo hemos visto, lo vemos a diario, cuando el periodismo va por ahí tenemos redes sociales inundadas de links a actrices porno atacadas por tiburones y azafatas sin nombre vendiendo sexo en aviones, sin verificación alguna. Porque eso es lo que da clicks en redes por razones que sería largo explicar aquí, que explicaré en otros posts y que por supuesto no pasan por «los lectores son idiotas” o “el periodismo ha muerto”.

*Una versión abreviada de este artículo se publicó en el número 71 (Julio, 2017) de Punto Seguido, revista de la Facultad de Comunicación y Periodismo de la UPC.

¿Para qué hacemos todo esto?

Ganzeer es un artista originario de Giza, Egipto, que alcanzó cierta fama en 2011 cuando algunas de sus imágenes se convirtieron en símbolos de la revolución que nació en la plaza de Tahrir y que concluyó con la renuncia y posterior condena a cadena perpetua de Hosni Mubarak, presidente y dictador egipcio durante 20 años.

En uno de sus trabajos más conocidos un tanque apunta a un niño en una bicicleta. El niño lleva sobre la cabeza una bandeja de metal donde, en lugar de piezas de pan, se encuentra toda la ciudad de El Cairo. En Egipto es habitual ver a jóvenes repartidores de pan recorriendo la ciudad en bicicleta con la bandeja llena de hogazas sobre la cabeza. El pan es tan importante en la vida egipcia que la palabra árabe que se utiliza para referirse a él significa –valga la redundancia– vida: aish. Así que no es difícil imaginar por qué la imagen de Ganzeer tocó tanto a la gente y autoridades egipcias.

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Tank vs. biker, Ganzeer.

En mayo de 2014, un presentador lo acusó en un programa de televisión de ser miembro de los Hermanos Musulmanes, organización que había sido declarada como grupo terrorista por el gobierno meses antes. El presentador hizo público su nombre, mostró su fotografía y exigió al gobierno que tomara medidas. Dos días después, Ganzeer huyó de Egipto con dirección a Estados Unidos.

El 12 de diciembre de 2016, Foreign Policy eligió a Ganzeer como uno de los 100 Leading Global Thinkers del año. Ese mismo día, The Nib –un site de periodismo, historias de no ficción y comentario político en formato cómic– publicó una historieta suya titulada Miopía selectiva: Cuando nadie desea la verdad.

Ahí relata un episodio ocurrido poco después de la caída de Mubarak, cuando el Ejército egipcio se había hecho con el poder. Ganzeer y otros artistas están pintando un mural basado en una fotografía donde se ve a dos militares sujetando a un manifestante. Pero unos transeúntes se les enfrentan y los agreden. Uno de ellos, iracundo, le dice a Ganzeer: “¿Cómo te atreves a insultar así a nuestro Ejército?” A lo que el artista replica: “Está basado en una foto. Esto ocurrió en Alejandría. ¡No estamos inventando nada! ¡Todo lo que estamos haciendo es mostrarles la verdad! ¿Por qué quieres seguir ciego ante la verdad?”. El hombre le responde: “Queremos permanecer ciegos, ¿entiendes? ¡No queremos saber! ¡No tienes ningún derecho a forzarnos a ver nada! ¡No queremos saberlo, maldita sea! Si no te gusta, entonces lárgate. ¡Lárgate del puto país!”.

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Selected Myopia, Ganzeer. The Nib.

Unas viñetas después, otro hombre se acerca a Ganzeer y le pregunta: “¿Para quién están haciendo esto?” Y el artista responde: “Para ellos”. En ese momento, su interlocutor le dice: “Bueno, pero ellos no lo quieren”, y le muestra que hay un grupo de gente borrando el mural.

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Selected Myopia, Ganzeer. The Nib.

La historia prosigue con una serie de viñetas que desvelan un juego metaficcional, gracias al cual descubrimos que el Ganzeer que se encontraba dibujando el mural es un Ganzeer recordado por otro Ganzeer meses después mientras conversa por teléfono con uno de los amigos con que había vivido la agresión de esos transeúntes que le echaban en cara que preferían vivir en la ignorancia. En la conversación, Ganzeer le dice a su amigo: “Para serte sincero… me siento un poco deprimido. No sé bien para qué hacemos todo esto”.

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Selected Myopia, Ganzeer. The Nib.

Ahí y en las viñetas siguientes descubrimos otro nuevo giro metaficcional: el Ganzeer que mantenía la conversación por teléfono y recordaba lo ocurrido en las calles de El Cairo, en realidad no es sino un dibujo, protagonista de un cómic sobre el que está trabajando Ganzeer cuatro años después, en la actualidad, instalado en su nueva residencia de Los Ángeles. Lejos de su país, como le había dicho el tipo con que se enfrentó en la calle: “Si no te gusta, entonces lárgate. ¡Lárgate del puto país!”.

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Selected Myopia, Ganzeer. The Nib.

Unos días después de leer el cómic de Ganzeer, me topé con un artículo de la periodista española Delia Rodríguez, publicado en eldiario.es. Delia Rodríguez es una de las periodistas hispanoamericanas más brillantes que conozco. Hasta hace unos meses dirigía Verne, el minisite de El País que intenta hacer periodismo inteligente acerca de lo que ocurre en Internet, ir más allá de robar un video de YouTube, hacer listas de memes o producir media docena de “noticias” de Pokémon Go al día. De ahí, Rodríguez ha pasado a ser subdirectora de audiencias de Univision, la cadena latina de noticias en Estados Unidos.

En su artículo Rodríguez apunta varias ideas pertinentes sobre la crisis que afrontan los medios y los cambios que Internet ha traído a la relación entre periodistas y lectores. Contrario al lloriqueo, la falsa modestia o el deslinde de responsabilidades que suele caracterizar este tipo de ensayos, el de Rodríguez es duro y justo, y da en el clavo en más de una ocasión.

Internet, nos dice al comienzo, “ha sacado lo peor de los medios, convertidos hoy en una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad, solo que en lugar de adulterar el agua potable lo hace con las ideas que respiramos”.

Cuando se refiere a nosotros mismos, los periodistas, no es menos severa. En esa carrera loca por el click, nos estamos dejando la credibilidad, nos dice. La poca o mucha que podíamos haber alcanzado. Porque “todo tiene un autor, un culpable que ha encargado el tema, unas manos que lo han ejecutado aunque no lo firmen. Si copias, si mientes, si manipulas, si escribes basura siempre hay alguien que se va a dar cuenta, porque estamos en Internet y todos somos expertos en algo”.

La gente no es tonta, aunque los periodistas, embebidos en nuestra absurda superioridad moral, tendemos a despreciar a nuestra audiencia, mientras seguimos alimentándola de basura. Ante ese panorama Rodríguez sentencia: “La realidad es que la relación medio–lector está casi rota”. Y difícilmente podremos culpar a los lectores por la ruptura.

Rodríguez habla de medios españoles, pero será difícil que algún periodista, editor o dueño de medio en cualquier país de habla hispana no vea al suyo identificado en esta descripción: “Los digitales permiten los banners engañosos. La parte final de las noticias está llena de links de pago que dirigen a los visitantes a contenidos vergonzosos que el medio hace como que no ve, pero que jamás aprobaría si fueran un contenido propio. Los lectores instalan programas que bloquean la publicidad, los medios plantean bloquear a los que los bloquean. Las páginas tardan tanto en cargarse, contienen tanta basura, tanta publicidad pesada, tanto código inútil, tantos añadidos, que Facebook y Google han inventado formatos más livianos”.

Son, precisamente, Facebook y Google quienes se han adueñado de la distribución de noticias, “y ninguno de los dos se ha hecho grande dándole lo que deseaban a los medios, sino pensando en sus usuarios”. Y lo que quieren esos usuarios, si uno se guía por los trending topics, las listas de noticias más vistas y la conversación en redes sociales, la gran mayoría de las veces son videos graciosos, señoritas con poca ropa o escándalos de famosos. Los medios han corrido a atender la demanda, soñando con que así atraerán tráfico suficiente para vender banners. El problema es que el mismo público que busca esos contenidos castiga a los medios que antes lo proveían de noticias por ofrecerlos. Es difícil culparlos, el esfuerzo por producir contenido ligero o viral en la mayoría de medios resulta tan atractivo y natural (o nativo, si prefieren) como ese cincuentón que cambia la corbata por una camiseta de Metallica y suelta unas cuantas palabrotas para acercarse a los amigos de su hijo.

Como dice Rodríguez, “el nuevo mundo es cruel, un violento caldo de cultivo en el que todas las ideas del mundo compiten entre sí por nuestra atención, dejando a las más débiles y menos adaptadas por el camino”. Las respuestas a qué hacer con los medios de comunicación y cómo recuperar la relación con los lectores, no son respuestas sencillas, ni mucho menos, y nadie parece haber dado con ellas todavía.

Yo me siento buena parte del día como Ganzeer, vapuleado por los internautas y preguntándome ¿para qué hacemos todo esto? Quizá, para encontrar una respuesta, podríamos empezar por cambiar esa última pregunta y preguntarnos, sinceramente, ¿para quién?

*Publicado originalmente en www.peru21.pe el 19 de diciembre de 2016.