El diario La República y el feminismo, esa «moda pasajera»

La madrugada del 7 de agosto, hinchas del equipo de fútbol peruano Universitario de Deportes celebraron el aniversario número 96 del club con fuegos artificiales que estallaron en diversos lugares de Lima.

Así lo reportaba RPP en su página web:

El estruendo de fuegos artificiales alarmó a los limeños la madrugada de este viernes. En diversos distritos de Lima se reportó el hecho a pesar de que la ciudad se encuentra en un aislamiento social obligatorio (toque de queda). 

Y así el site Wayka:

La celebración de los hinchas de Universitario fue criticada por distintos usuarios en redes sociales, como el diario La República reportaba aquí:

El tema se convirtió en uno de los principales trending topics ese mismo día, lo que, al parecer, motivó a los redactores de La República a aprovechar la marea y producir más contenido relacionado.

Una de las notas publicadas por La República fue esta:

El texto de la nota, desaparecida hoy de la página web del diario, decía (las negritas son mías):

Universitario de Deportes está celebrando sus 96 años de vida institucional; por ello, un grupo de hinchas festejó este día tan especial con fuegos artificiales en medio del toque de queda que fue decretado ante la emergencia sanitaria por la COVID-19. Estas acciones han sido criticadas por Yanira Dávila, presentadora de ‘Aprendo en Casa’ quien tomó una decisión radical.

Los cuestionamientos de la conductora del programa educativo virtual del Estado no se hicieron esperar y anunció que “dejaba de ser hincha de la U”, tras los hechos ocurridos la medianoche de este último viernes 7 de agosto.

Como se recuerda, los fuegos artificiales sonaron en todo Lima interrumpiendo no solo la tranquilidad de miles de ciudadanos, también algunas medidas del estado de emergencia impuestas por el Gobierno.

Esta situación no fue del agrado de Yanira Dávila quien simpatiza con el club crema; por ello usó sus redes sociales para comentar que ya no alentaría más al equipo de Ate.

“En este momento he dejado de ser de la U”, señaló en Twitter. De esta manera hizo saber su decisión tras recriminar la actitud tomada por algunos seguidores de Universitario.

Como era de esperarse las declaraciones de Dávila causaron revuelo entre los internautas que en su mayoría no compartían su opinión. Frente a ello, volvió a tuitear alegando que lo que escribió lo hizo porque estaba molesta.

La presentadora ha seguido respondiendo a todo tipo de comentarios en su contra comparando con “fanáticos religiosos” a quienes la vienen insultando.

Yanira Dávila es presentadora de ‘Aprendo en Casa’ desde el último 4 de mayo de 2020; también se desempeña como reportera y directora de teatro.

Una decisión radical.

Como era de esperarse.

Quienes la vienen insultando.

Cuando Dávila vio la nota, se mostró sorprendida a través de otro tuit:

La nota publicada por La República iba acompañada de imágenes de las cuentas de Twitter e Instagram de Dávila, lo que abrió la puerta a que su comentario, amplificado por uno de los principales diarios peruanos (que hace unos meses se ufanaba de ser la página web noticiosa «más leída del país»), recibiera este tipo de respuesta en Twitter:

O esta:

A raíz de la atención que la denuncia de Dávila despertó en redes sociales, el editor general de la web de La República, Rider Bendezú, señalado por distintos usuarios de Twitter como el principal responsable (y con quien conversé para otro artículo del blog), pasó un buen rato respondiendo a los reclamos y destacando las «capacitaciones con el equipo de Género» que viene realizando la redacción, mientras la nota seguía colgada en la página web del diario:

Momentos después, cuando la nota desapareció finalmente de la web, Bendezú dedicó un tiempo más a responder a usuarios con un link a lo que la redacción del diario entendía por unas «disculpas» o «aclaración»:

Esto decía la nota (las negritas son mías):

Inicialmente, esta página contenía una nota sobre las expresiones de Yanira Dávila, conductora de ‘Aprendo en casa’, en relación a los aficionados de Universitario de Deportes que utilizaron fuegos artificiales la medianoche del viernes, en medio de las celebraciones de un aniversario más de su club.

La nota fue publicada al considerar a Dávila como un personaje público, en su papel de conductora de uno de los espacios en TV Perú. No ha sido, ni será, nuestra intención exponerla a los ataques. Todo lo contrario, rechazamos cualquier tipo de acto de violencia en su contra.

Si bien entendemos que Dávila es un personaje público, también es necesario indicar que no es representativa en el ámbito deportivo, motivo por el que no es necesario publicar una nota sobre sus expresiones en su cuenta de Twitter.

Es preciso indicar que, en ningún momento, se ha expuesto los datos personales de la conductora, mas sí se hizo uso de las publicaciones en su cuenta pública de Twitter.

Por todo lo señalado, extendemos las disculpas públicas a Yanira Dávila.

Como medio de comunicación, somos conscientes que tenemos una gran responsabilidad ante la opinión pública. Es nuestra intención mejorar la calidad de nuestros contenidos. Precisamente, hemos iniciado capacitaciones de manera transversal en toda la redacción sobre periodismo con enfoque de género.

El mismo día, horas después, Yanira Dávila comunicó a través de un nuevo tuit que había dirigido una carta al director del diario, Gustavo Mohme. La carta, explicó en otro tuit, había sido también remitida al Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana, un órgano que fomenta la autorregulación de los medios, y a la Defensoría del Pueblo.

Pueden leerla completa aquí, si lo desean, pero extraigo algunos fragmentos que encuentro relevantes:

Esta nota recoge un mensaje que publiqué en mi cuenta de Twitter personal sobre un hecho completamente aislado a mi labor profesional y que tampoco representa las opiniones de mis empleadores. No obstante, la nota no solo hace énfasis en mis declaraciones sino que muestra mis fotografías, enlaces a todas mis redes sociales y describe mi actual trabajo para el Ministerio de Educación como relacionados de alguna manera al contenido de la nota. Este hecho me sorprende porque no soy deportista, ni periodista deportiva, ni ostento ninguna posición de autoridad sobre el fútbol o sobre la contaminación sonora en las ciudades para que se considere relevante hacer una nota periodística sobre mi opinión.

(…)

Hacer notas periodísticas sobre afirmaciones que sostenemos las mujeres en redes sociales en ejercicio de nuestra libertad de expresión nos expone al escarnio público en un contexto sociocultural machista como Perú. Este es un problema particularmente profundo en entornos como el deportivo, donde la violencia derivada del fanatismo de algunos polariza cualquier conversación y ha generado muchos daños a nuestra sociedad. En dicho entorno deportivo, además, las mujeres somos objeto de burla y violencia cuando participamos en él, ya sea expresando nuestros pareceres en redes, ejerciendo el periodismo deportivo o participando en el deporte como jugadoras o árbitros.

(…)

Efectivamente, su nota periodística me ha puesto en una situación vulnerable. Me encuentro siendo acosada, recibo masivamente comentarios agresivos e insultos misóginos a través de las redes sociales tras la publicación de su nota que expone mis fotografías, situación laboral y enlaces a todas mis redes sociales. ¿El querer generar polémica y acogida de sus notas periodísticas justifica el fomentar y cometer violencia de género en línea? Evidentemente no. Lamentablemente, esta es una conducta recurrente en su medio de comunicación. Así sucede respecto a las opiniones vertidas y fotografías publicadas por la actriz Mayra Couto, sobre las cuáles han emitido numerosas notas, exponiéndola al acoso masivo y a los ataques machistas y racistas.

Como alude Dávila, no es la primera vez que La República es criticada por producir contenido machista y de bajo o nulo interés noticioso, destinado a atraer clicks fáciles. Yo mismo he comentado el tema en más de una ocasión:

Aquí algunos otros ejemplos:

Así que fuimos muchos los que nos sorprendimos gratamente el día 17 de agosto, diez días después del incidente relacionado con Yanira Dávila y las posteriores disculpas del diario, cuando La República anunció la creación del puesto de «editora de Género»:

Pueden leer la nota que anunciaba la nueva incorporación aquí, pero quiero destacar unos fragmentos (las negritas son mías):

El periodismo no puede estar ajeno a las demandas sociales. Es así que, en un contexto de lucha feminista sumamente activa por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el Grupo La República ha decidido sumar la figura de editora de Género para garantizar que el tratamiento de su contenido periodístico sea no sexista, inclusivo, igualitario y responsable.

(…)

Ahora, con la designación de la nueva editora de Género, el Grupo La República apuesta por implementar la perspectiva de género de forma transversal en todas sus marcas y secciones, con el objetivo de proporcionar información libre de estereotipos, que no revictimice ni tampoco promueva la violencia contra las mujeres, personas LGTBI+ y otras poblaciones históricamente violentadas y vulnerables.

(…)

En momentos históricos y sociales como el que vivimos es imposible hacer buen periodismo sin cuestionarse cómo históricamente hemos venido construyendo nuestra idea sobre el mundo y qué tipos de filtros hemos venido utilizando para describirlo a los lectores.

Al día siguiente de lo ocurrido con Yanira Dávila, Lucía Solís, ahora editora de Género de La República, se había pronunciado así en su cuenta de Twitter:

Parecía que, al fin, uno de los principales diarios del país, criticado en múltiples ocasiones por la producción de contenido machista o directamente misógino, que venía años demostrando una enorme falta de sensibilidad y respeto hacia su audiencia femenina, había decidido tomarse el asunto en serio y hacer algo al respecto.

Parecía.

Mientras públicamente La República respondía a las críticas pidiendo disculpas, retirando la nota y contratando una editora de género, lejos de los ojos de los lectores el gerente legal de la empresa, Alonso Sarmiento, respondía a los cuestionamientos de manera muy diferente.

El mismo 17 de agosto, el día en que la web del diario anunciaba la creación del puesto de editora de género, el gerente legal del Grupo La República respondía a la carta que Yanira Dávila había remitido a Gustavo Mohme, director de La República, la Defensoría del Pueblo y Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana, dirigiéndose al presidente del tribunal:

Entre otras cosas, Sarmiento señala en la carta (las negritas son mías):

Al respecto, consideramos que hacer notas periodísticas sobre afirmaciones de mujeres o varones en redes sociales no implica en absoluto una incitación a la violencia de ningún tipo; más aún cuando la nota informativa es reproducción textual de lo afirmado por la persona aludida y el contexto es de total neutralidad, hasta donde es posible. Tanto en el contexto deportivo, como en el contexto político o religioso, social o gremial, las personas expresan sus puntos de vista y si los hacen públicos, claramente se someten al escrutinio bueno o malsano de los participantes, en este caso, en las redes sociales.

Bajo la premisa propuesta por los auspiciadores de esta queja, las opiniones de las mujeres deben ser filtradas para evitar que sean objeto de violencia; cosa que rechazamos completamente; por cuanto el efecto de dicha conducta será precisamente atentatoria contra el derecho constitucional de las mismas mujeres que se pretende proteger.

Es así que, si una mujer cuya imagen es conocida por el público, declara y/o publica de algún modo su opinión sobre un hecho ocurrido en la vía pública; ¿debemos ocultar dicha declaración para evitar las críticas? Si una mujer sin ninguna relevancia mediática declara y/o publica de algún modo su opinión sobre un tema controversial, ¿debemos ocultar su opinión para no resultar responsables de las críticas que pudiera recibir, duras, benévolas, salvajes, etc? Si una mujer opina y publica en redes o en medios abiertos, comentarios contrarios a lo “políticamente correcto”, ¿debemos callar su opinión para evitar un linchamiento mediático?

Y prosigue:

Nuestros medios NO se guían por esos parámetros. Hombres y mujeres tienen los mismos derechos y las mismas prerrogativas, así como las mismas responsabilidades. Todos, hombres y mujeres gozan de la misma libertad de decir lo que piensan, de expresarlo y de afrontar las consecuencias. Esa es la libertad consagrada en la Constitución Política del Perú. Para nosotros, la libertad está por encima de cualquier otro derecho y la libertad de expresión está por encima de todas las demás. Así lo ha declarado el Tribunal Constitucional peruano y las innumerables sentencias de tribunales internacionales.

No aceptamos que se pretenda, mediante la supuesta defensa de la violencia de género (sic), decirle a la prensa lo que debe publicar y lo que no y cómo debe hacerlo; por cuanto el totalitarismo empieza así, con buenas intenciones; pero revela su verdadero rostro cuando por encima de la dignidad de la persona, se abre paso lo que se considera en cada época “lo políticamente correcto” dictado por quienes llegan de alguna forma a tener una porción del poder.

(…)

Nuestros medios periodísticos siempre han actuado en la defensa de los derechos ciudadanos, la inclusión social, la paridad de género, la protección de la infancia y las libertades políticas; en tal sentido, no nos sentimos aludidos por acusaciones de instituciones interesadas que han aprovechado esta circunstancia para distorsionar los hechos y pretender armar una causa legal, donde únicamente hubo una reproducción de un comentario, por demás inocente, de la reclamante.

En tal sentido, exigimos al Tribunal un deslinde sobre este reclamo a fin de que quede meridianamente claros los derechos constitucionales por encima de cualquier moda pasajera que pretenda dictar parámetros a la prensa.

Repasemos:

¿Cómo es que exponer a una mujer, publicando dos de sus perfiles de redes sociales, amplificando un mensaje inocente —»he dejado de ser de la U»—, que fue inspirado por el comportamiento de fanáticos futboleros que ese mismo día habían demostrado y volverían a demostrar su falta de civismo y respeto por los demás, mensaje que además ya había generado que la insulten gratuitamente en redes sociales (como la misma nota borrada señalaba), «no implica en absoluto una incitación a la violencia de ningún tipo«?

¿Por qué la no publicación de ese tuit en la página web de un diario, carente de mayor interés periodístico, «será precisamente atentatoria contra el derecho constitucional de las mismas mujeres que se pretende proteger«? ¿Qué «derecho constitucional» señala que los comentarios en redes sociales de mujeres (u hombres, dado el caso) deben ser amplificados por un diario incluso cuando no tienen valor noticioso alguno y las exponen al acoso online?

¿A qué se refiere Sarmiento con: «si una mujer opina y publica en redes o en medios abiertos, comentarios contrarios a lo ‘políticamente correcto’, ¿debemos callar su opinión para evitar un linchamiento mediático?«? ¿A qué se refiere con lo «políticamente correcto»? ¿Por qué es contrario a lo «políticamente correcto» decir que uno deja de ser hincha de un equipo de fútbol?

¿A qué se refiere el gerente legal con «por encima de la dignidad de la persona, se abre paso lo que se considera en cada época ‘lo políticamente correcto’ dictado por quienes llegan de alguna forma a tener una porción del poder»? ¿De quiénes está hablando? ¿Quién detenta «una porción del poder» aquí, una conductora de un programa educativo del canal del Estado con cuatro meses de existencia y desconocida para el gran público que, por ejemplo, no llega a sumar ni diez mil seguidores en su cuenta de Twitter o «el medio online líder en el Perú»?

Por último, ¿está equiparando el gerente legal del Grupo La República el feminismo, la lucha por la igualdad de las mujeres y el combate contra la violencia de que son víctimas en distintos ámbitos con «cualquier moda pasajera«?

¿En qué quedamos? ¿O bien «El periodismo no puede estar ajeno a las demandas sociales. Es así que, en un contexto de lucha feminista sumamente activa por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, el Grupo La República ha decidido sumar la figura de editora de Género para garantizar que el tratamiento de su contenido periodístico sea no sexista, inclusivo, igualitario y responsable» o el Grupo La República, capitaneado por su gerente legal, ha decidido emprender la lucha contra «la supuesta defensa de la violencia de género» (sic) y «las buenas intenciones» que dan inicio al «totalitarismo» de «lo políticamente correcto»?

En la nota que anunciaba el nombramiento de Lucía Solís como editora de género, la redactora Diana Bueno señalaba:

Para Solís, aplicar la perspectiva de género en medios representa tomar una postura clara que condena la violencia contra las mujeres, aceptar que hay criterios que debemos desaprender: desde la redacción de un titular o la elección de una foto hasta el enfoque que le damos al contenido que se trabajan en todas las secciones.

Parece que en el área gerencial del diario aún no se han dado por enterados. Harían bien —si la lucha contra lo «políticamente correcto» y «cualquier moda pasajera» se los permite–– en participar de las capacitaciones que tanto han anunciado y en conversar con sus redactoras y editoras. De forma urgente.

ACTUALIZACIÓN

La noche del viernes 4 de setiembre, el Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana emitió su resolución respecto a la queja presentada por Yanira Dávila contra el diario La República.

La resolución N.° 001-TE/2020 señala que el Tribunal «considera como algo cuestionable para la ética periodística la forma en que Grupo La República elaboró y difundió la nota en cuestión» y dictamina lo siguiente:

1. Declarar fundada la queja presentada por la señora Yanira Dávila Herrera (Caso 001-2020).

2. Exhortar al Grupo La República Publicaciones S.A. a llevar a cabo un programa de formación permanente a su personal periodístico -tal como lo ofreció en la audiencia de conciliación- sobre periodismo con enfoque de género, promoviendo la erradicación de la violencia digital y el ciberacoso.

3. Recomendar al Grupo La República Publicaciones S.A realizar una evaluación permanente sobre la pertinencia de las notas periodísticas a publicar, tomando en cuenta las consideraciones del presente caso y la presente resolución.

4. Disponer que Grupo La República Publicaciones S.A. publique la presente resolución en el plazo de siete días de notificada. Si no realizara la publicación, el Tribunal de Ética dispone que la resolución sea difundida en los demás medios asociados en el Consejo de la Prensa Peruana.

Pueden leer, si lo desean, la resolución completa aquí.

La República daba a conocer la información a sus lectores, pasada la medianoche, con este llamativo titular:

No, Barack y Michelle Obama no se han divorciado

Hace unos días, un contacto de Facebook me hizo llegar un link a una «noticia» del diario peruano La República acerca del supuesto divorcio del expresidente norteamericano Barack Obama. Por supuesto, picado por la curiosidad, di click y me topé con esto:

Me bastó echar un vistazo al cuerpo de la nota para descubrir que la información de La República acerca del divorcio de Barack y Michelle Obama era tan fiable como las historias de reptilianos y ovnis a las que son tan aficionados sus editores.

Me bastó leer esto para, una vez más, descartar una nota publicada por el site del diario peruano:

De acuerdo con la nota de GLOBE, el medio más vendido en Estados Unidos

Esta es la portada de GLOBE, el supuesto medio más vendido de Estados Unidos según el redactor o redactora de La República:

Por supuesto, GLOBE no es el medio más vendido de Estados Unidos. Ni lo ha sido nunca. Según el más reciente dato de circulación que he podido encontrar, en 2018 su tiraje alcanzaba los 117 mil ejemplares semanales. Según los datos de Alliance for the Audit Media, el organismo que en Estados Unidos verifica los números de circulación de medios, existen más de 60 medios que superan el millón de ejemplares. Y más de un centenar que superan los 120 mil ejemplares sin llegar al millón. GLOBE, como indican los datos de Alliance for the Audit Media, no es uno de ellos. Ni por asomo.

Tan acostumbrado estoy a las mentiras que publica La República en su página web que, en ese momento, no le presté mayor atención. Sin embargo, en los días siguientes vi cómo distintos medios en español repetían en coro la supuesta exclusiva del GLOBE acerca del divorcio –consumado o por llegar– de los Obama:

Por cierto, mientras veía cómo la «noticia» se propagaba, descubrí que en La República habían cambiado su titular. La nota es la misma pero ahora, según el titular, los Obama ya no «se divorcian», sino que Michelle Obama «se divorciaría» de su esposo. De un hecho consumado a uno expresado como posibilidad. Una pequeñez.

Todos estos medios hacían alusión a la supuesta exclusiva de GLOBE, según la cual «Michelle y Barack Obama están peleando de forma feroz mientras llevan vidas separadas, ¡y sus amigos temen que la mala sangre entre ambos hierva hasta el punto de convertirse en un divorcio horrible plagado de escándalos!».

La página de GLOBE es bastante precaria y no ofrece más que pequeños fragmentos de algunas piezas publicadas en su edición impresa, pero ayudándome con la aplicación Pressreader pude encontrar el texto original de la supuesta exclusiva de la revista.

¿Cómo es que saben los periodistas de GLOBE (la nota, por supuesto, no lleva firma) que los Obama se encuentran separados y en medio de una pelea «feroz»? Así (las negritas son mías):

En el corazón de las disputas se encuentra la adicción al trabajo del expresidente –y su evasión de los asuntos familiares– que ha asolado la relación por años y que finalmente ha destrozado su matrimonio, dicen fuentes.

Sus carreras por separado y los problemas de sus desenfrenadas hijas, Malia, de 21, y Sasha, de 18, han hecho trizas la vida familiar, chismean personas con conocimiento (en inglés: «insiders dish»).

«Es un secreto a voces que Michelle quiere más de Barack desde un punto de vista familiar y está increíblemente decepcionada de que él pase tanto tiempo lejos», cotillea una persona con conocimiento (en inglés: «an insider blabs»).

Y así por poco más de 600 palabras: «señala una persona con conocimiento», «delata la fuente», «dice la fuente».

¿Quiénes son esas fuentes o personas con conocimiento de lo que ocurre dentro del hogar de los Obama? Ni idea. En ningún momento la publicación explica cuál es la relación que esas supuestas fuentes tienen con la familia Obama ni por qué los lectores debemos creer lo que señalan. Ya alguna vez he escrito sobre lo delicado que es utilizar fuentes anónimas y la responsabilidad que conlleva de cara a la audiencia. Pero sigamos.

GLOBE es un tabloide norteamericano propiedad hasta hace poco de American Media, Inc, empresa que también editaba otros dos tabloides famosos por sus mentiras, portadas sensacionalistas y escasos escrúpulos periodísticos: el National Enquirer y el National Examiner. En abril, American Media, Inc anunció que vendía los tres semanarios a Hudson News.

La primera de esas publicaciones hermanas de GLOBE quizá les suene de un escándalo reciente. En febrero de 2019, el multimillonario CEO de Amazon, Jeff Bezos, acusó al CEO de American Media, Inc y entonces responsable del Enquirer, David Pecker, de intentar extorsionarlo utilizando unas fotografías en las que aparecía desnudo.

No es el único escándalo en que se han visto envueltos Pecker y American Media, Inc recientemente. En diciembre de 2018, el responsable de American Media, Inc admitió haber pagado a al menos una mujer que aseguraba haber tenido un affaire con Donald Trump para comprar su silencio. Según el texto de cooperación de la compañía con la fiscalía federal:

«Pecker ofreció su ayuda para lidiar con historias negativas acerca del [entonces] candidato presidencial y sus relaciones con mujeres. Entre otras cosas, ayudando a la campaña a identificar ese tipo de historias para que puedan pagar por ellas y así evitar su publicación…Pecker accedió a mantener informado de ese tipo de historias negativas a [Michael] Cohen (el abogado de Donald Trump condenado por mentir ante el Congreso y el Senado de Estados Unidos)».

Todo un modelo a seguir en cuanto a prácticas periodísticas se refiere.

Pero volvamos al GLOBE. El semanario, como explicaba párrafos arriba, no es ni el medio más vendido del Estados Unidos ni tampoco ninguna «prestigiosa revista». Es, como sus hermanos el National Enquirer y el National Examiner, un tabloide de más que dudosa reputación, famoso por portadas escandalosas e información nada fiable, que además tiene una poco sana obsesión con el expresidente Barack Obama.

Echen un vistazo a algunas de las portadas que le ha dedicado:

GLOBE no solo fue uno de los medios más activos a la hora de apuntalar el «birtherism», la famosa teoría de la conspiración según la cual Obama no había nacido en Estados Unidos y, por ende, su elección era ilegal (teoría que el ahora presidente Trump también promovió activamente durante años), sino que lleva un buen tiempo repitiendo que el expresidente es gay y que debido a ello Michelle Obama lo abandonará en cualquier momento. Entre muchas otras mentiras.

Pese a ello, los editores del diario La República, no contentos con difundir una vez la falsa exclusiva del GLOBE, le dedicaron una segunda nota. El día 13 de agosto publicaban este curioso titular:

Voy a repetirlo una vez: «El divorcio de Michelle Obama y Barack toma un nuevo rumbo».

Ya en el cuerpo de la nota podemos leer joyas como esta:

La noticia propalada por Globe fue reproducida en diversos medios y plataformas. No obstante, la pareja que ya lleva 27 años de casados no brindó declaraciones al respecto.

«Diversos medios y plataformas» como nosotros, olvidaron decir.

O esta otra:

La probable razón para Barack Obama y Michelle Obama no se pronuncien sobre lo publicado o le entablen una demanda de difamación, es precisamente, para evitar que lo dicho sobre ellos crezca aún más y alcancen nuevos vuelos. Mientras que Globe, sigue generando ganancias al ofertar su suscripción para poder leer la nota completa de las supuestas exclusivas que vende.

Una más:

No obstante, la reputación de Globe está en contradicho (sic), teniendo en cuenta sus anteriores “grandes exclusivas” como la muerte de la Princesa Diana de Gales, que según la revista habría sido ideada por su exesposo, el Príncipe Carlos, quien luego se lo habría confesado a su madre, la Reina Isabel II, en busca de ayuda para evitar el escándalo.

Ojalá fuera solo la reputación del GLOBE la que se encuentra en entredicho.

Por supuesto, todas esas «grandes exclusivas» –incluida la homosexualidad del expresidente Obama o su nacimiento en África– son falsas. Así como es falso que los Obama se hayan divorciado o estén a punto de hacerlo. No existe una sola información fiable al respecto. Y, debido a ello, ningún medio que se respete en Estados Unidos se ha hecho eco de la supuesta exclusiva del GLOBE.

Pese a ello, varios diarios en Perú, España, México, Chile y el resto del mundo hispanoamericano, optaron por poner la poca credibilidad que les queda en las manos de un semanario sensacionalista adicto a la desinformación. No es la primera vez. Y, conociéndolos, no será la última.

[ACTUALIZADO] Revista SEMANA, Daniel Coronell, Alejandro Santos y la independencia periodística

El día martes 28 de mayo, el periodista colombiano Daniel Coronell, uno de los columnistas más respetados del país, publicó un tuit en el que señalaba:

El domingo 26, dos días antes del tuit en el que anunciaba que había sido despedido por uno de los dueños de la revista, SEMANA había publicado tanto en su edición impresa como digital una columna suya titulada La explicación pendiente.

Daniel Coronell lee La explicación pendiente en un evento público.

¿A qué «explicación» se refería Coronell? Aquí va algo de contexto para los lectores no colombianos:

A mediados de mayo, el diario The New York Times publicó un reportaje en el que el periodista Nicholas Casey recogía documentación y testimonios que demostraban que, a principios de este año, el ejército colombiano había emitido una orden que instruía “a los soldados que no ‘exijan perfección’ al momento de ejecutar ataques letales, incluso si tienen preguntas significativas sobre los objetivos que están atacando”.  Según militares consultados por el periodista norteamericano, “esa orden implica que reduzcan sus normas para proteger a civiles inocentes de ser asesinados, [lo] que ya ha ocasionado muertes sospechosas o innecesarias”.

Como era de esperar, la noticia supuso un escándalo en Colombia y reavivó la polémica de los “falsos positivos”, una serie de asesinatos ilegales supuestamente cometidos por el ejército colombiano entre los años 2006 y 2009 durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, que están aún siendo investigados por la justicia.

El reportaje remeció al gobierno del actual presidente Iván Duque, muy cercano a Álvaro Uribe, hasta el punto que los ministros de Defensa Nacional y de Relaciones Exteriores dirigieron una carta (en inglés) al editor del diario neoyorkino.

La carta abría señalando que el reportaje en cuestión «retrata de forma tendeciosa, parcializada y distorsionada los esfuerzos del estado colombiano y su ejército para estabilizar sus territorios y consolidar el orden y la seguridad». Dean Baquet, director de The New York Times, respondió a su vez con una carta (en español) dirigida a ambos ministros, en la que respaldaba el trabajo realizado por su reportero.

Pese a la bravata de los ministros de Defensa Nacional y Relaciones Internacionales, menos de una semana después de publicado el reportaje de Nicholas Casey, el presidente Iván Duque anunció en conferencia de prensa que crearía una comisión independiente encargada de realizar “un análisis riguroso de todas las órdenes, manuales y documentos operacionales” del ejército. Según Duque, el cometido final de la comisión será asegurarse de que “esas normas, procedimientos y protocolos se ajustan a las normas internacionales y nacionales en materia de derechos humanos y en materia de derecho internacional humanitario”.

A los pocos días de publicado el reportaje de Nicholas Casey, el site colombiano La silla vacía publicó un artículo en el que el periodista Juan Esteban Lewin afirmaba que la revista SEMANA había tenido acceso a la misma documentación e informes que The New York Times, incluso meses antes, pero que no publicó la historia a solicitud de un enviado del presidente colombiano Iván Duque.

Consultado por La silla vacía, el director de SEMANA, Alejandro Santos, descartó las acusaciones y señaló que sencillamente se trataba de un caso en el que un medio le gana la primicia a otro. “Es la sana competencia entre los medios, que ayuda a que en una democracia haya contrapesos al poder (…) Lo importante es que la información salió a la luz”, dijo Santos.

En la columna publicada el domingo pasado, Daniel Coronell indicaba que, incluso luego de haber hablado con el director del semanario, consideraba que las explicaciones que SEMANA había dado hasta el momento no eran suficientes y que “los lectores tienen derecho a saber si faltó diligencia periodística o si –en el peor de los casos– SEMANA privilegió su relación con el gobierno sobre su deber de informar a los ciudadanos”.

En una entrevista posterior a su despido Coronell relató la conversación que había tenido con el director de SEMANA, previa a la publicación de la columna:

Yo le pedí el viernes pasado a Alejandro Santos que habláramos, esto fue muy temprano en la mañana, una hora después estábamos hablando. Me dijo que consideraba injusto el tema, pero que lo entendía. Yo le dije que le enviaría la columna a él primero que a nadie con el propósito de que la conociera y que pudiéramos hablar antes de enviarla a la edición. Él me dio unos puntos de vista que yo busqué incluir, y me pidió que excluyera una frase que había en la columna que decía que yo decía eso y me atenía a las consecuencias. Él me dijo que la consecuencias no pueden ser sino el respeto por lo que tú piensas.

Por supuesto, como hemos visto, esas no fueron las consecuencias.

A raíz de la cancelación de la colaboración de Daniel Coronell, varios periodistas e intelectuales colombianos y extranjeros han expresado su preocupación por el estado de la libertad de prensa y del periodismo colombiano:

La exhortación de la escritora Carolina Sanín es particularmente incisiva porque Alejandro Santos, además de ser director de la revista SEMANA es, como Daniel Coronell, uno de los periodistas más respetados y galardonados de su país.

Estos son algunos de los premios que su trabajo periodístico ha merecido, según su entrada de Wikipedia:

  • Premio María Moors Cabot (2013)
  • Premio Rey de España (2008)
  • Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa en la categoría Periodismo en Profundidad (2012)
  • Premio Latinoamericano de Periodismo IPYS a la mejor investigación en un caso de corrupción en América Latina (2010)
  • Premio Latinoamericano de Periodismo IPYS a la mejor investigación en un caso de corrupción en América Latina (2008)
  • Premio de la Sociedad Interamericana de Prensa en la categoría Derechos Humanos y Servicio a la Comunidad (2008)
  • Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, otorgado en SEIS ocasiones

Pero, además, en los últimos meses Santos se ha visto abocado a defender su independencia y la del semanario que dirige. ¿Por qué? Porque a principios de 2019 Publicaciones SEMANA, la empresa editorial que publica el semanario, vendió el 50% de sus acciones a los empresarios Jaime y Gabriel Gilinski, dueños de una de las fortunas más importantes de Colombia.

Los múltiples intereses empresariales y políticos de la familia Gilinski habían puesto ya en guardia a quienes piensan que ese complejo entramado de poder económico podría poner en riesgo la independencia de uno de los medios más importantes y prestigiosos del país.

Así respondía a esas dudas Alejandro Santos en una entrevista concedida en febrero a la periodista Vicky Dávila, de W Radio Colombia:

Vicky Dávila: Los periodistas que trabajamos en medios cuyos dueños son grupos económicos tenemos tal vez claro algo, y no sé si usted lo comparta, y es que en el mismo instante en que ese grupo quiera intervenir en la independencia, pues uno se va. Digamos, usted como director se iría, imagino yo de SEMANA, si le dice el señor Gilinski «mire usted tiene que decir esto y no lo que usted está pensando».

Alejandro Santos: Absolutamente. Por un lado, yo creo que tenemos varios factores. Uno, ese. El día que a uno le digan lo que tiene que decir, uno tranquilamente se va con su carta de renuncia sin problema.

Pese a su elocuencia habitual, el director de SEMANA no ha dicho nada tras el despido de Daniel Coronell. Hasta el momento de publicación de este post, tres días después del tuit en que Coronell anunciaba que el otro dueño de la revista, Felipe López, le había comunicado «la decisión de la empresa de cancelar mi columna», Alejandro Santos no ha hecho ninguna declaración.

Las últimas palabras en público del director del semanario se encuentran en otro tuit, publicado el domingo 26, pocas horas después de que se hiciera pública la columna crítica de Coronell:

Imagino que no soy el único que aguarda expectante sus nuevas declaraciones.

ACTUALIZACIÓN

El día sábado 1 de junio, empezó a circular el editorial de la edición número 1935 del domingo 2 de junio de SEMANA. Si bien la fecha oficial de publicación del semanario es el día domingo, la edición impresa de la revista suele estar disponible desde el día anterior para algunos suscriptores y en un número limitado de puestos de venta.

El editorial lleva por título Lecciones aprendidas y una bajada que reza: «En algunos momentos hay que hacer un alto en el camino para reflexionar. Esta es una de esas semanas». Aquí pueden leerlo en su totalidad:

Si bien el director Alejandro Santos sigue sin pronunciarse a título personal respecto al despido de su columnista Daniel Coronell, el editorial hace alusión a Santos en dos ocasiones y, por ende, podemos presumir que cuenta con su aprobación.

«Frente a este episodio, creemos que reconocer públicamente los errores, en cabeza del director de la revista, Alejandro Santos, es necesario…»

«Su director, los editores, los periodistas y el resto del equipo de SEMANA seguiremos trabajando sin desfallecer para estar a la altura de ese desafío».

Las explicaciones que el texto pretende ofrecer a sus lectores difícilmente dejarán satisfechos a quienes, como el excolumnista Coronell, han sido críticos con la actuación de SEMANA en este episodio, ya que no aportan ninguna información que no fuera ya de conocimiento de quienes han seguido el caso a través de la cobertura de otros medios como La silla vacía.

Pero, además, el editorial abre de forma extraña, alabando la labor periodística de Coronell y lamentando que ya no vaya a colaborar con la revista. Esto es lo que dice:

Antes que nada, lamentamos la salida de Daniel Coronell, un periodista sobresaliente cuyas columnas exaltaron los contenidos de esta casa editorial.

Por supuesto, ni esas líneas ni las siguientes se hacen cargo de que fue uno de los responsables y dueño de la revista –Felipe López– el que forzó la salida del columnista, a la vez que lamenta lo ocurrido como si se tratara de un accidente fortuito y no una decisión editorial y empresarial.

El editorial no es sino una nueva oportunidad perdida por parte de SEMANA y su director para intentar corregir la cada vez mayor brecha de confianza entre medios y audiencia –en Colombia, Latinoamérica y en todas partes– producto, entre otras cosas, de la falta de transparencia con que las empresas periodísticas de medio mundo manejan la relación con sus lectores.

ACTUALIZACIÓN II

Al día siguiente de la actualización anterior, el director de SEMANA, Alejandro Santos, compartió él mismo en su cuenta de Twitter el editorial en cuestión, constantando así que o bien lo escribió él o bien cuenta con su total aprobación:

Nuevamente, una oportunidad perdida por parte de SEMANA y su director para actuar con la transparencia que las audiencias de medios periodísticos requieren y exigen en esto tiempos. Difícil entender así el salto que supone ese «En Semana siempre defenderemos la libertad de expresión, aún la de los columnistas que critican a su casa editorial» de su anterior tuit, al «lamentamos la salida de Daniel Coronell» del editorial, que como todos sabemos no se produjo por la caída de un meteorito ni como consecuencia de un tsunami o algún otro accidente natural.

Lástima.

ACTUALIZACIÓN III

El día 3 de junio, el fundador y uno de los dueños de la revista SEMANA, Felipe López, concedió una entrevista a la periodista María Isabel Rueda, del diario El Tiempo. Entre otras cosas, resulta muy interesante este intercambio entre la periodista y López:

-María Isabel Rueda: Concluyamos. ¿Finalmente, por qué salió Daniel Coronell de ‘Semana’? ¿Fue por la columna, o por poner en duda las explicaciones de su director?

-Felipe López: Hubo otra cosa. Cuando hablé con él, me dijo algo que me desconcertó: Que mientras ‘Semana’ no diera una explicación satisfactoria, él iba a insistir en el tema en las próximas columnas, pues tenía mucha información que no había publicado en la primera. Eso me pareció inaceptable. Si su decisión era seguir poniendo en tela de juicio la credibilidad de la revista, lo lógico es que lo hiciera desde afuera.

Ante esa alusión, Daniel Coronell concedió él también una entrevista al diario El Tiempo, firmada por la Unidad Investigativa, en la que, entre otras cosas, indica:

-El Tiempo: Felipe López insiste en que ‘Semana’ no engavetó la noticia sino que tenían que hacer otras verificaciones, ¿por qué no les cree? y ¿qué es lo que, según usted, ‘Semana’ tiene aún pendiente por explicar?

-Daniel Coronell: Hasta el día que hablé con Felipe no había ninguna explicación. Es más, él me dijo que ‘Semana’ no tenía por qué explicar nada.

Finalmente, la explicación llegó este domingo, en forma de editorial y luego de mi despido que califica como “salida”. Allí, ‘Semana’ reconoce que sí cometieron errores. Entre otros, el de no publicar cuando ya tenían información suficiente.

En otro momento de la entrevista, Coronell indica:

Felipe le asegura a María Isabel Rueda cosas que yo jamás dije en la conversación. Cuando recibí su llamada para comunicarme la decisión –ya tomada– de cancelar la columna, yo estaba en una librería frente a un apreciado colega, a la librera y a otras dos personas que pudieron oír todo lo que dije. La conversación apenas duró dos minutos y medio. 

Jamás afirmé que iba a publicar más sobre el asunto. Lo que sí le dije, con toda serenidad, es que existen informaciones adicionales sobre reuniones de ‘Semana’ con el Gobierno, además de la de Jorge Mario Eastman. Esta última reunión ‘Semana’ también la admite, en su editorial, como otro de sus errores.

Por último, el miércoles 5 de junio, Daniel Coronell publica una nueva columna, esta vez en The New York Times en Español, titulada El precio que pagué por preguntar, en la que insiste en un detalle clave del editorial publicado por SEMANA:

El editorial también dice “lamentamos la salida de Daniel Coronell”, pero yo no me salí: me sacaron por atreverme a preguntar.

ACTUALIZACIÓN IV

El día martes 11 de junio, la revista SEMANA anunció en redes sociales y a través de un escueto comunicado en su página web que, tras una reunión entre el director Alejandro Santos, la presidenta del Grupo Semana María López y Daniel Coronell, se había acordado la vuelta del columnista al semanario:

Alejandro Santos, en su primera declaración a título personal desde el despido de Coronell el pasado 26 de mayo, dijo a través de su cuenta de Twitter:

En declaraciones al diario El Tiempo, Daniel Coronell indicó que había decidido «aceptar la amable invitación de Alejandro Santos y María López para retomar la columna».

Por otro lado, el site La silla vacía, que el 21 de mayo desató la crisis que culminó con la salida (ahora temporal) de Daniel Coronell de SEMANA, aporta algunos detalles más acerca de la reconciliación del semanario y su columnista estrella.

Según un artículo publicado también el día 11 de junio por el periodista Juan Esteban Lewin, el mismo que originalmente reveló que SEMANA había tenido acceso a la misma documentación e informes que The New York Times y había optado por no publicarlos a instancias del gobierno colombiano, informa que uno de los nuevos propietarios de la revista, Gabriel Gillinski, había sido clave en la vuelta de Coronell:

Según tres fuentes conocedoras de la negociación (que no incluyen a Coronell, quien nos dijo que prefería no hablar del tema y quien tampoco dio mayores detalles en su entrevista con Juan Carlos Iragorri en RCN Radio, minutos después de publicar la nota), el actor clave para el regreso fue Gabriel Gilinski, el nuevo dueño de la mitad de Publicaciones Semana.

Desde el momento de la crisis, cuando en una llamada Felipe López le quitó la columna a Coronell, Gilinski empujó la búsqueda de un acuerdo para no perder al columnista. Finalmente lo consiguieron el director de Semana, Alejandro Santos, y la presidente de Publicaciones Semana e hija de Felipe, María López.

Así comentaba el propio Coronell su regreso al semanario en Twitter:

También a través de Twitter, Coronell se hacía eco a través de un retuit, de que el hashtag #CoronellVuelveASemana se había convertido en el primer trending topic entre los usuarios de Twitter en Colombia:

Pd: Antes de escribir este texto intenté comunicarme tanto con Daniel Coronell como Alejandro Santos para hacerles algunas preguntas más respecto a lo ocurrido, pero lastimosamente no obtuve respuesta de ninguno de los dos.

*Una versión reducida de este texto apareció en el boletín de Comité de Lectura el día miércoles 29 de mayo. El newsletter aparece de lunes a viernes y cuenta con una edición de fin de semana. Colaboramos en él Augusto Townsend, Daniela Meneses, Matheus Calderón y yo. Si desean suscribirse pueden hacerlo aquí.

Algunas cosas que se han dicho sobre No hemos entendido nada

«Diego Salazar sube al ring conceptos tan escurridizos como posverdad, fake news y revolución digital, y analiza las herramientas –generalmente desastrosas– con que los medios de comunicación les han hecho frente. Luego, en un knockout demoledor, demuestra que el único camino posible para el futuro del periodismo es la utilización de las mejores armas de toda la vida: investigación minuciosa, chequeo de datos y prosa sublime. Este libro reúne las tres».
Leila Guerriero, autora de Plano americano y Los suicidas del fin del mundo.

«Amigos periodistas: si quieren una buena novela de terror, el libro de Diego Salazar les va a estremecer. Escalofríos y sustos garantizados. No hemos entendido nada disecciona la razón de ser del periodismo en un mundo donde parece haber perdido su sentido, y lo hace desde la incomodidad y la autocrítica, sin complacencia, para recordar que sigue habiendo una verdad y que es posible entreverla si se corta bien la maleza».
Sergio del Molino, autor de La hora violeta y La España vacía.

«Me he reído a gritos leyendo No hemos entendido nada. Un libro divertido e incisivo acerca del periodismo y su caída libre escrito por una de las mentes más iluminadas de Latinoamérica».
Alberto Fuguet, autor de Sudor, Missing: una investigación y VHS (Unas memorias).

«No hemos entendido nada [es] uno de los libros más importantes sobre la crisis actual del periodismo, conectada, por supuesto, al desafío de internet».
Edmundo Paz Soldán, autor de Río fugitivo, Los vivos y los muertos y Norte.

«Si realmente te interesa el periodismo y entender un poco lo que estamos afrontando debes leer el libro de Diego Salazar».
Esther Vargas, directora de Clases de Periodismo.

«¿Qué tiene que ocurrir para que un periodista ponga de lado una de las partes esenciales del oficio? Diego Salazar ha hecho de esta pregunta un caso de estudio sobre un mal creciente y contemporáneo: los periodistas no verifican, los editores no editan, y los medios de información caen, uno tras otro, víctimas de sí mismos. ¿Qué esperanza de vida tiene un medio periodístico que no hace periodismo? No hemos entendido nada es el libro donde Diego Salazar desmenuza el presente sin demasiado futuro del periodismo».
Marco Avilés, autor de De dónde venimos los cholos y No soy tu cholo.

«Una de las mejores cosas que le podía pasar al periodismo peruano de estos tiempos ha sido el nacimiento de No hemos entendido nada, el espacio que Diego Salazar ha convertido en referente de análisis sobre lo bueno, lo malo y lo complejo de este oficio y la industria que muchas veces lo afea y lo arruina. Este es el libro que da sentido a esta iniciativa».
David Hidalgo, autor de La biblioteca fantasma y Sombras de un rescate.

«No hemos entendido nada (Debate, 2019), [es] un ensayo sobre cómo las redes sociales e Internet han sacudido las redacciones de todo el mundo, revolucionando la forma en la que se consume y se produce la información. [Diego Salazar] disecciona los pilares sobre los que se asienta el modelo de negocio periodístico, estudia los procesos de desinformación y se pregunta cómo los medios pueden recuperar la atención de los usuarios». Matías de Diego, en entrevista de eldiario.es.

Trailer:

La edición peruana de No hemos entendido nada se encuentra disponible en librerías desde julio de 2018.

La edición chilena apareció en enero de 2019.

La edición española salió a la venta el 21 de febrero de 2019.

La edición mexicana se encuentra disponible desde mediados de julio de 2019.

Mientras tanto, quien desee leer el libro antes de que aparezca la edición impresa de su país puede hacerlo en ebook, tanto en Amazon Kindle como en Apple iBooks:

-Si utilizan una cuenta de Amazon domiciliada en Estados Unidos, pueden comprarlo aquí.

-Si utilizan una cuenta de Amazon México, pueden hacerlo aquí.

-Si su cuenta es de Amazon España, lo encuentran aquí.

-Si en lugar de Kindle, utilizan iBooks de Apple, pueden conseguirlo aquí.

ABC, la Luna, los rusos y los diarios teóricos de la conspiración

Me encantan las teorías de la conspiración. Creo haberlo contado ya varias veces. Encuentro algo irresistible en esa pulsión que lleva a tanta gente a creer en elaborados complots, en ejércitos de seres humanos ejecutando al unísono un complejísimo plan sin desviarse un milímetro, sin equivocaciones ni accidentes y, sobre todo, sin filtraciones indiscretas que echen por la borda el diseño elaborado por un oscuro genio del mal.

En el fondo, más allá del delirio y la paranoia, hay en las teorías de la conspiración una fe humanista, una confianza en el carácter perfectible y la diligencia humana, que me gustaría compartir.

Por eso, cuando vi pasar esta «noticia» del diario español ABC, no pude evitar el click:

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Díganme si no es una maravilla. No sé ustedes, pero a mí me encanta particularmente que la nota se encuentre en el apartado CIENCIA del site.

El corazón del cuerpo de la nota, que va sin firma, dice así:

Desde entonces, y pese a la insistencia de Estados Unidos y la NASA en la veracidad de aquel primer alunizaje, han sido muchos los que han dudado de que fuese real. Las dudas acerca de si el Apolo 11 y Armstrong llegaron a la Luna han estado siempre presentes, e incluso las teorías más conspiranoicas aseguran que este nunca fue real.

El próximo año se cumplirán cincuenta años de aquel histórico instante [la llegada del Apolo 11 la Luna], que desde Rusia tampoco terminan de creer como veraz. En ese sentido, Roscosmos, la agencia espacial rusa, ha anunciado ahora la propuesta de una misión a la Luna que se encargue de verificar si aquel alunizaje del Apolo 11 fue o no real.

Así lo ha confirmado este sábado el director general de Roscosmos, Dmitry Rogozin. «Hemos establecido este objetivo: de volar y verificar si los estadounidenses estuvieron allí o no», señaló Rogozin, en respuesta acerca de una pregunta sobre si la NASA llegó a la Luna o no. Una afirmación que hizo en tono distendido, aunque los antecedentes dotan de mucha realidad.

Pese a la insistencia de Estados Unidos y la NASA en la veracidad de aquel primer alunizaje.

En tono distendido.

Nada de eso, por supuesto, fue óbice para titular «Rusia organizará una misión para «confirmar» si Neil Armstrong llegó a la Luna» y darle una palmadita de reconocimiento a una de las más extendidas teorías de la conspiración.

Que Neil Armstrong y Buzz Aldrin nunca pusieron pie en la Luna no solo es una de las teorías de la conspiración más populares del mundo, sino que existen decenas de versiones. La más delirante de todas señala que el alunizaje y la caminata lunar fueron filmadas por Stanley Kubrick, con guión de Arthur C. Clarke, en un estudio de Hollywood.

No son pocas las personas que defienden esta hipótesis o alguna parecida. Hace unos meses, el ex capitán de la selección española de fútbol y del Real Madrid, campeón del mundo en 2010, Iker Casillas, quien cuenta con más de ocho millones de seguidores en Twitter, se apuntaba al club de la conspiración:

Por supuesto, que la NASA puso a dos hombres en la Luna es un hecho probado y las teorías de la conspiración que señalan lo contrario no son sino delirios paranoicos o mentiras interesadas. Aquí pueden leer una nota de National Geographic en español donde desmontan una a una varias de las supuestas pruebas que esgrimen los conspiranoicos.

También pueden ver este programa de la televisión española de 2014, escrito y dirigido por Luis Alfonso Gámez y José A. Pérez, que hace lo mismo en un entretenido y didáctico formato audiovisual:

Existen múltiples razones por las que los seres humanos somos propensos a creer en teorías de la conspiración por muy absurdas que estas sean. En este artículo, la periodista Elizabeth Svoboda hace un estupendo trabajo explicando y resumiendo algunas. Escribe Svoboda (la traducción es mía):

Si bien la debilidad de la gente por teorías de la conspiración puede parecer irracional, nace de un lógico deseo por dotar al mundo de sentido. Atribuir significado a lo que nos ocurre ha ayudado a los seres humanos a prosperar como especie, y las teorías de la conspiración son historias con cohesión interna que «nos ayudan a entender lo desconocido cuando tienen lugar hechos inesperados o que nos producen temor», dice Jan-Willem van Prooijen, un psicólogo social de la Universidad Vrije en Amsterdam. Para algunos creyentes, la sensación de claridad y confort ofrecida por esas historias se anteponen a su veracidad.

Pero, ¿es Dmitry Rogozin, el director de Roscosmos, la agencia espacial rusa, uno de esos creyentes como el artículo del ABC invita a pensar? ¿Cuáles son esos «antecedentes [que] dotan de mucha realidad» a la supuesta afirmación de Rogozin?

Los supuestos antecedentes, según la misma nota, en realidad son solo un antecedente. Este:

El pasado año 2015, el Comité de Investigación de Rusia pidió la apertura de una investigación acerca de los alunizajes estadounidense, dudando así de su veracidad.

¿A qué investigación se refiere el redactor anónimo del ABC?

A una que nunca ocurrió.

¿Saben por qué?

Porque, en realidad, el Comité de Investigación de la Federación Rusa, un organismo equivalente al FBI norteamericano, no solicitó ninguna investigación. Lo cuenta en este artículo para de The Washington Post publicado en junio de 2015 el periodista Rick Noack .

En ese entonces, un portavoz del Comité de Investigación de la Federación Rusa llamado Vladimir Markin escribió una columna donde se quejaba de una investigación del FBI que terminaría destapando el gigantesco escándalo de corrupción de la FIFA que acabó con la carrera de Joseph Blatter y otros dirigentes del fútbol mundial.

Markin renegaba del intervencionismo americano. Las autoridades de ese país, escribía el portavoz del Comité de Investigación, se han «autoproclamado árbitros supremos de los asuntos relacionados con el fútbol internacional». Estados Unidos, decía Markin, debía atenerse al mismo rigor investigador que imponía al resto. Ya que Washington «ha encubierto, respaldado y luego usado a sus propios aliados como víctimas y arietes para apuntalar su dominio en el mundo».

De ser así, continuaba Markin:

Podemos también ayudar a realizar una investigación internacional acerca de dónde se filmó el video, si fue grabado por astronautas en la Luna, o dónde están escondidos esos 400 kilos de suelo lunar que nadie ha visto. No, no estamos diciendo que no volaron [a la Luna] y simplemente hicieron una película. Pero todos esos artefactos científicos, o quizá culturales, son parte de la herencia de la Humanidad y su desaparición sin rastro es una pérdida compartida por todos. Y la investigación dirá.

Por supuesto, la supuesta investigación nunca ocurrió. La bravata de Markin nunca abandonó los confines de las páginas del diario Izvestia, donde fue originalmente publicada. Porque nunca fue nada más que eso. Un «y tú más» de casi 3000 caracteres dirigido a «los americanos», ese enemigo mortal del estado ruso y sus distintas encarnaciones.

Pero, volviendo al presente y a la nueva investigación que supuestamente lanzará Roscosmos, ¿qué dijo, en realidad, hace unos pocos días Dmitry Rogozin, director de Roscosmos? ¿Estaba poniendo en duda el máximo responsable de la agencia espacial rusa que Neil Armstrong y Buzz Aldrin pusieron pie en la Luna en julio de 1969, como el diario ABC afirma?

Si alguno de ustedes entiende ruso puede escucharlo aquí:

El video fue compartido por el propio Rogozin en su cuenta oficial de Twitter:

Según la traducción ofrecida por Microsoft para Twitter en inglés, Rogozin presenta el video así:

I answer questions of the President of Moldova: whether there were Americans on the moon, why do you have @ fighters and trams and how Russian astronautics will help Moldovan grapes?

Traduzco:

Respondo a las preguntas del presidente de Moldavia: ¿Hubo americanos en la Luna? ¿Por qué tienen aviones de combate y tranvías en @roscosmos? ¿Y cómo la astronáutica rusa ayudará a las uvas moldavas?

Como no sé ruso, no puedo saber el momento exacto en que Rogozin habla en el video acerca de la investigación que supuestamente organizará para comprobar si el Apolo XI llegó a la Luna entre sonrisas. Pero sí puedo ver qué dijeron otros medios al respecto.

Si uno realiza un google search utilizando las palabras «Dmitry Rogozin» y «Roscosmos», encontrará que decenas de medios en español y en inglés compartieron la «noticia», todos con distintas variaciones de «Rusia propone verificar si Estados Unidos llegó a la Luna» en el titular.

Encontrará también, que algunos medios en inglés señalaron que Rogozin hizo la propuesta «with a smirk». Es decir, con una sonrisa. Fue así, gracias a esa expresión, que descubrí que todos los medios en español y en inglés que se han hecho eco de la inminente investigación rusa, se basan, a sabiendas o no, en este cable de la agencia Associated Press (AP) del día 24 de noviembre:

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¿Qué es lo que dice la nota de AP? Esto (la traducción es mía):

MOSCÚ (AP) — El director de la agencia espacial rusa Roscosmos dijo que ha propuesto una misión rusa a la Luna para verificar si los alunizajes realizados por Estados Unidos fueron reales, aunque aparentemente estaba bromeando.

«Hemos establecido el objetivo de volar y verificar si estuvieron ahí o no, dijo Dmitry Rogozin en un video publicado el sábado en Twitter.

Rogozin estaba respondiendo a una pregunta acerca de si la NASA alunizó en realidad hace casi 50 años. Parecía estar bromeando, dado que sonrió y se encogió de hombros mientras respondía. Sin embargo, las conspiraciones alrededor de las misiones a la Luna de la NASA son comunes en Rusia.

La Unión Soviética abandonó su programa lunar a mediados de los años 70, luego de que cuatro cohetes experimentales explotaran.

Aparentemente estaba bromeando.

Parecía estar bromeando, dado que sonreía y se encogió de hombros cuando respondió.

La agencia estatal noticiosa rusa RIA Novosti publicó un artículo similar el mismo día, aunque se ahorraba la referencia a la sonrisa de Rogozin. Sin embargo, al día siguiente, en un nuevo artículo, la misma agencia aclaraba que todo era una broma del director de Roscosmos:

«Es un chiste, por supuesto», dijo un representante oficial de Roscosmos a RIA Novostia en respuesta a la solicitud de un comentario acerca de las palabras del director de la empresa estatal.

No sé ustedes, pero para mí el verdadero chiste es que páginas informativas conviertan un cable de una agencia en el que se indica que un oficial ruso realiza un comentario en broma en una noticia que apalanca una de las más absurdas y extendidas teorías de la conspiración.

El chiste es que en las redacciones parece que todo vale con tal de publicar un titular atractivo que «garantice» un buen puñado de clicks.

El problema es que el chiste es tan habitual ya que hace tiempo que dejó de tener gracia. El chiste es tan malo que la broma, en realidad, hace rato que pasamos a ser nosotros, los periodistas. Lo más triste, al menos para mí, es que a nadie parece importarle.

ACTUALIZACIÓN

En ABC han cambiado, en algún momento y sin aclaración alguna en la nota, la bajada y un fragmento del artículo titulado «Rusia organizará una misión para «confirmar» si Neil Armstrong llegó a la Luna» para incluir que la afirmación del director de Roscosmos parece una broma.

Titular y bajada aparecen ahora así:

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El fragmento en cuestión del cuerpo del texto aparece ahora así:

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Así fueron publicados originalmente, sin bromitas de por medio:

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No hemos entendido nada en Kindle e iBooks

Como saben quienes siguen este blog, mi libro No hemos entendido nada: Qué ocurre cuando dejamos el futuro de la prensa a merced de un algoritmo (Debate, 2018) ha aparecido primero en Perú, con motivo de la Feria Internacional del Libro de Lima. En los próximos meses se irá publicando en otros países hispanoparlantes donde tiene presencia el grupo editorial Penguin Random House. Prometo avisar de esas fechas de publicación según se vayan confirmando.Mientras tanto, quienes no vivan en el Perú y deseen leerlo antes de que aparezcan las ediciones de otros países, pueden hacerlo en ebook, tanto en Amazon Kindle como en Apple iBooks.

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Gracias por leer.

 

 

Gwyneth Paltrow, periodista

La portada de la edición del 29 de julio de The New York Times Magazine, la revista dominical del diario neoyorquino, venía dedicada a la actriz Gwyneth Paltrow y su emporio del wellness, Goop:

La periodista Taffy Brodesser-Akner, que hace un mes había escrito un brillante perfil sobre el escritor Jonathan Franzen para la misma revista, se encarga ahora de desmenuzar con la misma inteligencia, sentido del humor, atención al detalle y un endiablado ritmo narrativo el emporio de estilo de vida y wellness que la famosa actriz californiana ha construido en los últimos diez años.

El perfil se titula «How Goop’s Haters Made Gwyneth Paltrow’s Company Worth $250 Million: Inside the growth of the most controversial brand in the wellness industry». Traduzco: «Cómo los haters de Goop hicieron que la compañía de Gwyneth Paltrow valiera 250 millones: Dentro del crecimiento de la marca más controversial de la industria del wellness«.

La prosa de Taffy Brodesser-Akner es tan afilada y el retrato que pinta –no de Gwyneth Paltrow sino de su empresa (como bien explica la periodista Anne Helen Petersen en la pieza de su newsletter que le dedica al perfil)– tan poliédrico y exhaustivo que podría dedicar varios centenares de palabras a abordar y desmenuzar el texto. Pero no quiero aburrirlos con una extensa y complicada exégesis más propia de un taller de narrativa de no ficción que de un post de este blog.

En lugar de eso, les recomiendo que lo lean. De momento solo está disponible en inglés, pero imagino que The New York Times en Español no tardará mucho en ofrecer una versión traducida.

Quiero sí detenerme en un único detalle de los muchos que me llamaron la atención. En uno de los muchos aspectos fascinantes que uno descubre y comprende al leer las casi ocho mil palabras escritas por Brodesser-Akner, y que está íntimamente relacionado con el objeto de este blog: el periodismo, como oficio e industria, en tiempos de Internet y redes sociales.

Superada la mitad del relato, Brodesser-Akner nos introduce en la breve colaboración que entablaron Goop y Condé Nast. Para quienes no lo sepan, Condé Nast es la casa editorial de revistas como Vanity Fair, The New Yorker, Wired y muchas otras publicaciones que se cuentan entre lo mejor de la prensa norteamericana.

La revista trimestral goop debutó en kioskos en septiembre de 2017. El joint venture entre la compañía de Gwyneth Paltrow y el gigante norteamericano de las revistas solo duró un número más, que apareció en enero de 2018. Después de eso, goop magazine desapareció.

Brodesser-Akner se adentra en el divorcio entre Goop y Condé Nast:

En un principio, parecía [la unión entre Goop y Condé Nast] un encaje perfecto. «Goop y Condé Nast son socios naturales, y me entusiasma mucho que ella [Gwyneth Paltrow] esté trayendo su visión a la compañía», dijo Anna Wintour, directora artística de Condé Nast y directora de Vogue, cuando se anunció el acuerdo en abril de 2017. La publicación sería una colaboración entre ambas empresas: contenido de Goop supervisado por un editor de Vogue.

Pese al entusiasmo de Wintour, las diferencias entre lo que la empresa que ella representa y lo que la compañía de Gwyneth Paltrow –que nació como un newsletter de recomendaciones en 2008 y se convirtió de forma progresiva en un site de lifestyle, una empresa de productos brandeados y una tienda virtual– entendían por «contenido» eran mucho más profundas de lo que, parece, Condé Nast y sus responsables habían anticipado.

Cuando Brodesser-Akner pregunta a Paltrow por la ruptura, esta responde:

«Fue increíble trabajar con Anna. La adoro. Es una ídola total para mí. Nos dimos cuenta de que cada quien podía hacer un mucho mejor trabajo en su propia casa. Creo que, en nuestro caso, tiene que ver con que a nosotros realmente nos gusta trabajar donde sentimos que nos encontramos en un espacio expansivo. En un lugar como Condé [Nast], de forma comprensible, hay muchas reglas.»

Y aquí empezamos a acercarnos a la parte que me interesa:

Las reglas a las que se refiere son las reglas tradicionales en el negocio de las revistas. Todas ellas estrictamente respetadas en una institución como Condé Nast. Una de esas reglas indica que no podían utilizar la revista como parte de su estrategia de «comercio contextual». Querían [los responsables de Goop] vender productos de Goop (junto a otros productos, como hacen en su site). Pero Condé Nast insistió en que debían conservar un enfoque editorial más «agnóstico». La compañía publica revistas, no catálogos. Pero, ¿por qué?, G.P. [Gwyneth Paltrow] quería saber. Paltrow quería que la revista fuera una extensión natural del site de Goop. Quería que los lectores pudieran hacer cosas como enviar un código por mensaje de texto para comprar un producto sin siquiera tener que abandonar su inerte posición de lectura para ponerse delante de la computadora. El cliente de una revista es también un cliente normal.

Las diferencias entre Goop y Condé Nast no se limitaban a dónde debían ubicar esa porosa frontera entre lo editorial y lo comercial.

…otra regla era, bueno, que la revista no podía ser sometida a fact-checking. Goop quería que goop magazine fuera distinta: que permitiera que las recomendaciones de la familia de doctores y sanadores de Goop se publicaran a través de entrevistas pregunta-respuesta sin ser disputadas ni discutidas. Esto no cumplía con los estándares de Condé Nast. Esos estándares requieren que las afirmaciones de la publicación sean respaldadas de manera tradicional por evidencia científica, como exámenes de doble ciego y estudios peer-reviewed. Las historias que Loehnen, ahora jefa de contenido de Goop, quería publicar tuvieron que ser reemplazadas a último minuto.

Al conversar con Paltrow, Brodesser-Akner descubre que la actriz y empresaria no entendía dónde residía el problema:

«Nunca realizamos afirmaciones», dijo [Paltrow]. Lo que quería decir es que nunca afirman que lo que estén diciendo sea un hecho [«fact» en el original]. Lo único que hacen es preguntar a fuentes no convencionales algunas preguntas interesantes. («Solo estamos haciendo preguntas», me dijo Loehnen). Pero, ¿qué significa «realizar afirmaciones»? Hay quien diría –entre ellos, sin duda, sus antiguos socios de Condé Nast– que significa otorgar una plataforma sin filtro a la superchería y charlatanería. Ok, ok, ¿pero qué es charlatanería? ¿Qué es superchería? ¿Se trata de afirmaciones que no han sido objeto de análisis de doble ciego o estudios peer-reviewed? ¿Cierto? Claro. Ok. G.P. [Gwyneth Paltrow] diría, entonces, ¿qué es la ciencia? ¿es esta completamente abarcadora y altruista e infalible y actúa siempre en el interés de la humanidad?

Voy a detenerme ahora en esas palabras de Gwyneth Paltrow, fundadora de Goop, y de Elise Loehnen, la ahora jefa de contenido de la empresa:

«Nunca realizamos afirmaciones», dijo [Paltrow]. Lo que quería decir es que nunca afirman que lo que estén diciendo sea un hecho [«fact» en el original]. Lo único que hacen es preguntar a fuentes no convencionales algunas preguntas interesantes. («Solo estamos haciendo preguntas», me dijo Loehnen).

¿A qué les recuerdan esas palabras?

«Nunca realizamos afirmaciones».

«Solo estamos haciendo preguntas».

¿Qué otros productores de contenido hablan así? ¿Qué otros productores de contenido demuestran un desprecio similar por los procedimientos editoriales de verificación que siempre ha respetado y respeta el mejor periodismo?

Pueden encontrar aquí unas cuantas pistas.

Lo divertido es que seguramente todos esos periodistas y editores que tan alegremente se escudan y excusan cuando son pillados in fraganti incumpliendo los requisitos mínimos para que el trabajo que realizan sea considerado periodismo –sin importar si lo hacen en un pequeño medio local, un site nativo digital o una legendaria cabecera–, se escandalizarían si se les compara con esa magnate de las pseudociencias y la charlatanería que es Gwyneth Paltrow.

Pero no, gracias a ellos y su irresponsabilidad, y al extraordinario trabajo de una periodista como Taffy Brodesser-Akner, podemos finalmente decirlo con todas sus letras:

Gwyneth Paltrow, periodista.

Bienvenida al gremio.

Pd: Si quieren entender un poco más acerca de lo que es el proceso de fact-checking o verificación de datos habitual en las grandes revistas norteamericanas, los invito a leer este estupendo reportaje escrito por Bárbara Ayuso y Borja Bauzá para la revista española Jot Down.

Al menos nos quedará una taza

Como imaginarán los que han leído algo del trabajo que vengo haciendo y que se ha convertido en este libro, esta va a ser una velada crítica y un tanto dura con mi oficio, habrá quien piense que hasta pesimista. Yo prefiero pensar que, más que de pesimismo, se trata de un optimismo interrogador.

Así que antes de empezar con los palos, me gustaría celebrar el trabajo periodístico que merece la pena celebrarse y pedir un aplauso para mis dos presentadoras, Nelly Luna de Ojo Público y Romina Mella de IDL Reporteros, dos de las mejores periodistas que conozco, dos periodistas gracias a cuyo trabajo este país es mejor, o menos peor, vamos a ser sinceros. Trabajo que hemos podido ver, en todo su esplendor, estas últimas semanas y que ha remecido hasta el tuétano nuestra delicada y maloliente institucionalidad.

No pensaba escribir nada para hoy, pero esta mañana me acerqué a una librería porque estaba buscando un libro que no encontré ayer en la feria. En esa librería tienen junto a la caja mi libro y esta taza. El dueño es amigo mío, no se vayan a creer que soy tan importante. Mientras pagaba el librito que compré y bromeaba con el dependiente acerca de cuántas tazas se habían vendido, un señor a mi lado, que había pagado ya su compra, me miraba intrigado. «Es mi libro», le dije. «Y mi taza». El tipo leyó el título y el subtítulo.

«¿Hablas solo de los medios digitales, por lo del algoritmo, digo, o también de los medios impresos?», me preguntó.

«En realidad hoy todos los medios son ya digitales, aun cuando tengan un pie a cada lado. Ocurre que el negocio impreso ha volado por los aires, y el negocio digital es todavía un misterio para todos. Un misterio que, ahora mismo, nadie parece que vaya a resolver».

«Bueno, me dijo, el negocio ha sido vivir del Estado, cobraban millones en publicidad de los gobiernos, sobre todo los miembros del cartel mediático, que actúan como sicarios mediáticos a sueldo».

«Cartel o sicariato mediático son términos un tanto exagerados», le dije. «Y, además, eso no es así. La publicidad estatal es –o era– una parte de los ingresos de los medios. No toda, ni mucho menos. Y pese a que en ocasiones se utilizaba con una discrecionalidad sospechosa, los medios brindaban un servicio a cambio: informar a los ciudadanos de políticas y programas de estado, así como publicitar iniciativas que era importante dar a conocer. El problema, en realidad, es que el modelo de negocio entero está en crisis».

«¿No serás caviar tú, no?, me soltó con una media sonrisa. «Yo he trabajado en prensa, he trabajado en un medio del cártel mediático, conozco el monstruo por dentro. A mí no me van a contar cuentos».

«Yo sé que la tentación conspiranoica es muy poderosa, pero créame que en la gran mayoría de casos, la gran mayoría de veces, no se trata de una conspiración guiada por intereses empresariales o ideológicos, si no de mera incapacidad para comprender los profundos cambios de la industria y la repercusión que esos cambios han traído, en poquísimo tiempo, a la forma de producir, distribuir y consumir información. Ya conoce el dicho: no atribuya a la malicia lo que es perfectamente explicable por la estupidez».

Seguimos conversando durante unos 20 minutos. Nunca en mi vida había visto a este hombre, probablemente nunca lo vuelva a ver, y casi seguro estaremos en desacuerdo en infinidad de temas. Pero, pese a sus prejuicios, la rabia y sarcasmo mal disimulado con que esgrimía su teoría de la conspiración, su preocupación por la prensa era sincera.

El tipo, en efecto, había trabajado en una empresa de medios, estaba informado acerca de la actualidad política, estaba pasando su domingo por la mañana comprando libros en una librería (en uno de los países con menor índice de lectura de libros del continente), le preocupaba la polarización de la discusión pública y el Perú que estábamos construyendo entre todos, clase política, medios y ciudadanos. «Es así como empiezan las guerras civiles», me dijo en un momento.

Y, pese a todo esto, estaba más dispuesto a creer que existe una elaboradísima conspiración urdida por medios de comunicación, ONGs, periodistas a sueldo, políticos y hasta organismos internacionales para imponer una ideología «caviar» y desestabilizar el país, antes que aceptar que sí, en efecto, existen distintos actores en la discusión pública que defienden sus propios intereses, que algunas veces esos intereses coinciden, pero no siempre ni mucho menos, y que los medios, en realidad, la mayoría de las veces ven pasar la pelota de ping pong de un lado a otro de la mesa incapaces de entender o influir o explicar nada porque donde antes éramos árbitro, red y hasta la misma mesa, hoy somos a duras penas recogepelotas.

Como ese hombre hay miles sino millones de personas, en este país y en todas partes, a uno y otro lado del espectro ideológico, dueños de sus prejuicios, filias y fobias, como todos, que ven con preocupación que es cada vez más difícil discutir, que se ven ellos mismos incapacitados para mantener una discusión con alguien con quien discrepan acerca de lo que sea, y que ven, además, que muchísimos medios de comunicación, esos que antes albergaban y encauzaban esa discusión, han abdicado por completo de su trabajo. Y les asusta.

No entienden bien por qué, pero no saben que nosotros mismos, los periodistas o responsables de medios, tampoco lo entendemos, también estamos asustados y que, en la mayoría de los casos, estamos tan ocupados en sobrevivir que ni siquiera podemos concedernos el lujo de detenernos un momento para reflexionar al respecto e intentar salvar algo de la casa que vemos derrumbarse a nuestro alrededor.

Por eso escribí este libro. Para intentar entender. Porque no conozco otra manera mejor de pensar que leyendo y escribiendo, aunque sufra de forma absurda delante del teclado y mis editores me odien debido a ello. Porque adoro este oficio como adoro pocas cosas, porque creo que el mundo sería un lugar peor sin esto que hacemos. Y porque creo, sinceramente, que así como ese hombre con que me topé esta mañana en esa librería, y así como todos ustedes, que me han hecho el favor de venir hoy a acompañarme, allá afuera hay mucha gente con ganas de hacerse preguntas, con ganas de entender.

Espero que este libro a todos nos sirva un poco en ese empeño. Y, si no, bueno, al menos tendremos la taza para el café.

Gracias.

*Este fue el texto de presentación del libro No hemos entendido nada, el día 22 de julio de 2018, en la Feria Internacional del Libro de Lima.

El «consumo» de Paolo Guerrero: un titular no es solo un titular

La mañana del miércoles 27 de junio, el periodista Beto Ortiz me taggeó en un mensaje público de Twitter:

Dado que conozco a Beto desde hace tiempo, le escribí un mensaje por whatsapp preguntando a qué nota se refería. Como buen periodista, no me creyó que no sabía de qué estaba hablando.

Ya he escrito en más de una ocasión que, como periodistas, una de nuestras obligaciones principales es dudar. Pero, la verdad era esa, no había visto la nota de Sergio Galarza y no tenía idea de a qué se refería Beto. Tras insistir en mi propia ignorancia, se apiadó de mí y me facilitó el link de la nota de El País a la que aludía en su tuit. La nota es esta:

Screen Shot 2018-06-27 at 10.13.22 AM.png

El titular, evidentemente, me llamó la atención.

A continuación, antes incluso de leer el artículo, me fijé también, guiado por uno de los mensajes de whatsapp que intercambié con Beto, en el tuit con que El País lo había compartido:

Yo no lo había visto, pero desde su publicación la tarde del martes 26, la nota, el titular, el tuit e incluso la foto que la ilustraba habían generado varias respuestas airadas de usuarios peruanos en Twitter:

Como dije antes, el titular me llamó la atención. Por erróneo. Pero además me llamó la atención que Sergio Galarza, quien firmaba la nota, pudiera haber cometido un error así.

Para quienes no lo sepan todavía, Sergio Galarza es un escritor peruano residente en Madrid. Conozco a Sergio desde hace años, he leído casi todos su libros, he jugado fútbol con él y hemos visto innumerables partidos juntos cuando yo también vivía en la capital española. Por ello, porque conozco su trabajo y sé de su devoción futbolera, me costaba creer que hubiera metido la pata de forma tan burda.

Así que leí la nota. La releí. Y la volví a leer. Y regresé al titular y la bajada, donde aparece la palabra «consumo» dos veces:

El jugador estrella de Perú, suspendido por consumo y rehabilitado para el Mundial

Paolo Guerrero, estrella de la selección, fue suspendido por consumo de droga y luego rehabilitado para jugar el Mundial.

Volví a leer el artículo una vez más. Es una viñeta corta, una columna de 485 palabras, en donde el autor pinta de forma general el ambiente que se ha vivido en Perú a propósito de la clasificación de la selección de fútbol al mundial de Rusia 2018 y se centra brevemente en «la novela» alrededor de la participación de Paolo Guerrero. Había aparecido originalmente el domingo 24 de junio en la edición impresa de El País Semanal, y recién el miércoles 27, tres días después, como es habitual con muchos contenidos de ese suplemento, fue publicado en la página web del diario.

Más allá del titular y la bajada, la única mención que la nota hace al resultado analítico adverso que estuvo a punto de dejar al capitán de la selección peruana fuera del Mundial es esta:

Una prueba antidopaje había detectado en su cuerpo la presencia de benzoilecgonina, principal metabolito de la cocaína. Su suspensión se convertiría en la principal novela nacional.

La precisión de esas 26 palabras, creo, es incontestable. Cosa que no ocurre con el titular. Para cerciorarme, volví a leer la nota. Y, luego, como me llamaba tanto la atención la disonancia entre ambos, hice esto:

Screen Shot 2018-06-27 at 11.42.35 AM

Busqué cuántas veces aparecía la palabra «consumo» en el texto. Únicamente dos. Una en el titular, otra en la bajada.

Así que escribí a Sergio por whatsapp. Me respondió de inmediato. Mi pregunta, tras leer el texto varias veces, era sencilla: ¿ese titular lo pusiste tú?

La respuesta de Sergio fue rápida: «No. Lo pusieron en la redacción. Lo he dicho en Facebook y me han citado luego en El Comercio. Mi titular era ‘Todos de acuerdo con la pelota'».

Esto es lo que Sergio había dicho en su muro de Facebook:

Ante esa respuesta, le pedí el contacto del editor o editora responsable en El País. «Es Amelia Castilla», me dijo. Y me dio su teléfono.

Acto seguido, le escribí a través de whatsapp. Amelia Castilla es redactora jefe de El País Semanal, la revista que publica el diario los domingos. En mi mensaje le decía que quería hacerle un par de preguntas sobre la nota escrita por Sergio Galarza.

Castilla tardó poco en responder. «Lo que necesites», me dijo en su mensaje. Minutos después hablamos por teléfono. En un primer momento, la editora no parecía entender las reacciones que el artículo había producido en las redes sociales peruanas.

«¿Has leído la nota?», me preguntó amablemente.

Le dije que sí. Y que el problema no era la nota sino el titular. Que, de hecho, el problema era que el titular y la bajada no trataban el delicado asunto del resultado analítico adverso de Paolo Guerrero con la precisión que el cuerpo del artículo sí hacía.

Recuerden:

Una prueba antidopaje había detectado en su cuerpo la presencia de benzoilecgonina, principal metabolito de la cocaína. Su suspensión se convertiría en la principal novela nacional.

De ahí a «El jugador estrella de Perú, suspendido por consumo y rehabilitado para el Mundial» hay un salto mortal grande que, sobre todo, exhibe una certeza que, en realidad, nadie tiene. Volveré a esto último más adelante.

«Pero es solo el titular», replicó Castilla. «El titular intenta interpretar y resumir la nota».

Le pregunté a Castilla si, como me había dicho Sergio Galarza, el titular y la bajada publicadas en el diario no eran suyos.

«Sí, claro, ese titular lo pusimos aquí en la redacción. Como sabes, el derecho de titulación es del medio. No recuerdo ahora mismo el titular de Sergio, pero era distinto».

¿Consultaron con él ese titular final?

«No solemos consultar los titulares con los autores. No sabría decirte con seguridad si se lo consultamos esta vez, pero diría que no».

¿Eres consciente de que el titular con que apareció la nota es, cuando menos, impreciso?

«Como te decía, el titular intenta resumir la nota. La nota es sobre la pasión futbolera que hay actualmente en Perú. Si han leído la nota, lo entenderán. Está claro que muchos de los que la critican no la han leído y se quedan solo en el titular».

Por supuesto, le dije. Pero a la vez, los periodistas somos o debemos ser conscientes de que es así cómo leen muchos usuarios de redes sociales. El titular es también información, no un adorno, ni mucho menos un cuerpo extraño ajeno al artículo.

«De acuerdo. Pero, si la sustancia fue encontrada en su organismo, la tiene que haber consumido de algún modo, ¿no?»

En efecto, en sentido estricto, si la prueba antidopaje arroja que existía en el cuerpo de Paolo Guerrero un metabolito derivado de la cocaína, el futbolista tendría que haber «consumido» la sustancia de algún modo.

Consumido en el sentido de ingerido.

Pero ese no es el sentido con que utilizamos «consumo» cuando hablamos de drogas. Consumo es una palabra que levanta y señala con el dedo. Una palabra acusatoria. Consumo es un juicio moral camuflado de sustantivo. Y más, por supuesto, si la imagen que acompaña el titular y la bajada es esta:

foto nota Paolo Guerrero EPS
Dos policías delante de un grafiti con el rostro del futbolista Paolo Guerrero, una de las estrellas de la selección de Perú / Cris Bouroncle. Fuente: El País

Pero, además, como sabe cualquiera que haya seguido con un poco de atención la «novela» de Paolo Guerrero y esa prueba antidopaje, el futbolista y sus abogados defienden que no hubo consumo de ningún tipo. De cocaína, quiero decir.

El capitán de la selección peruana, según ha explicado en varias ocasiones, habría bebido, por error o por contaminación, una infusión de mate o té de coca. Y es por ello que la prueba realizada el día 6 de octubre de 2017, luego del partido en que la selección peruana empató 0-0 con la selección argentina, habría arrojado un resultado analítico adverso por benzoilecgonina, un metabolito de la cocaína.

¿Es esto posible? Sí, lo es. Yo he encontrado por lo menos dos estudios que señalan que es posible que aparezca en el cuerpo humano benzoilecgonina luego de haber ingerido mate de coca.

¿Sabemos, a ciencia cierta, que eso es lo que ocurrió? No, no lo sabemos. Pero tampoco sabemos lo contrario, como afirma el titular del diario El País.

¿Qué es lo que sí sabemos? Sabemos, como decía Sergio Galarza en su nota y explicaba yo unas líneas arriba, que tras ese partido con Argentina en octubre de 2017, «una prueba antidopaje había detectado en su cuerpo la presencia de benzoilecgonina, principal metabolito de la cocaína».

Sabemos que a raíz de eso, en diciembre de 2017, la FIFA le impuso una primera sanción de un año a Guerrero. Y que, tras un recurso interpuesto por el propio jugador, la Comisión Disciplinaria de la FIFA redujo el periodo de suspensión a seis meses*.

Sabemos que cinco meses después, el día 14 de mayo de 2018, ante las apelaciones que realizaron tanto el propio jugador como la Agencia Mundial Antidopaje (WADA, por sus siglas en inglés), el Tribunal Arbitral Deportivo (TAS, por sus singlas en francés) elevó la sanción a 14 meses. Lo que, de cumplirse, hubiera impedido a Guerrero disputar el mundial de Rusia 2018.

Sabemos, por último, que el 31 de mayo, el Tribunal Federal suizo, instancia ante la que Guerrero había presentado una nueva apelación, concedió al jugador peruano una medida cautelar que suspendía de forma «súper provisional» los efectos de la sanción impuesta por el TAS. Gracias a ello, Guerrero pudo jugar el mundial, donde anotó un gol en los tres partidos que la selección peruana disputó en primera ronda.

No sabemos qué ocurrirá después.

De todo ello, por cierto, ha escrito en su momento y con precisión la corresponsal stringer de El País en Lima, Jacqueline Fowks.

Para terminar mi amable conversación con Amelia Castilla, le pregunté si era consciente del error cometido con el titular y si el diario pensaba rectificar.

Me respondió: «Vamos a estudiarlo, estamos viéndolo. Si nos hemos extralimitado y hay gente que se ha sentido mal, lo siento mucho, de verdad. En ningún caso pensamos que podía ocasionar este estado de malestar».

Ojalá lo hagan.

ACTUALIZACIÓN

Luego de publicado este post, gracias al aviso de un amigo vía whatsapp, comprobé que El País había cambiado el titular y la bajada del artículo firmado por Sergio Galarza, eliminando las referencias al «consumo» que hacía en la versión anterior. Hasta donde he podido ver, el diario no ha realizado ninguna otra comunicación al respecto.

Este es el nuevo titular:

El jugador estrella de Perú, suspendido y rehabilitado para el Mundial

Una prueba antidopaje detectó en su cuerpo el principal metabolito de la cocaína. Su suspensión se convirtió en la principal novela nacional. Guerrero marcó el segundo de los goles de Perú en el último partido de su selección en Rusia. El país llevaba 36 años sin marcar en un Mundial

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ACTUALIZACIÓN

El domingo 1 de julio, la Defensora del Lector de El País, Lola Galán, publicó un artículo a propósito de lo ocurrido con la nota de Sergio Galarza en el suplemento El País Semanal.

Screen Shot 2018-06-30 at 7.28.30 PMEn la columna, que se puede leer íntegra en la edición web del diario, Galán señala el origen del error cometido por los responsables del suplemento y ofrece sugerencias para evitar errores similares en el futuro:

El artículo de Galarza es un texto literario en el que la peripecia de Guerrero permite al escritor abordar la personalidad del futbolista y la intensidad de la pasión mundialista que ha vivido Perú. Cambiar el titular en el sentido que se hizo sin conocer a fondo el tema ha sido una imprudencia.

El País Semanal ha corregido el error, (El jugador estrella de Perú, suspendido y rehabilitado para el Mundial, se lee ahora en el titular). Error que no se habría producido si el equipo del EPS hubiera consultado el cambio de título con el autor del texto. Entiendo que no siempre es posible, pero hay que procurar hacerlo siempre.

 

*Una versión anterior de este texto omitía, por error, que la primera sanción impuesta por la FIFA a Paolo Guerrero fue de un año. Sanción que, dos semanas después, fue reducida a seis meses por la Comisión Disciplinaria de la FIFA.